Recordando a Don Lucho Corvalán, un comunista ejemplar

Iván Ljubetic Vargas, historiador del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren, CEILER

Hace ocho años escribí: “Los comunistas de Ñuñoa inclinamos nuestras banderas en homenaje a un compañero ejemplar, don Lucho Corvalán, cuyo corazón dejó de latir hoy, miércoles 21 de julio de 2010, a las 8 horas.

Es uno de los más grandes dirigentes del Partido Comunista de Chile y, hasta sus últimos días siguió militante en su célula, la Santiago Aguilar, del Comunal Ñuñoa.

Hasta el final de su existencia estuvo preocupado del Partido, de su historia, de sus aportes a la democracia en Chile. Para mañana jueves 22 de julio, nos había citado, junto con el compañero David Mc Conell, para una nueva conversación sobre un libro que estaba escribiendo”.

El paso más importante

Luis Corvalán Lépez nació cuando la primavera ya se anunciaba, un 14 de septiembre de 1916, en Pelluco, Puerto Montt. En 1921 su familia se trasladó a Tomé. Allí ingresó al Partido Comunista.
En sus Memorias ‘De lo vivido y lo peleado’ relata: “Hice migas con un zapatero remendón, el maestro Palmita, que era miembro del Partido… Cierta vez, Palmita me invitó a una reunión comunista que se llevó a cabo en una casa del Cerro Estanque. En tal ocasión di el paso más importante de mi vida: ingresé al Partido. Fue en 1932, creo que en el mes de febrero”. Por entonces tenía 16 años y estudiaba en la Escuela Normal de Chillán.

Dos llamados a Santiago

Su primera designación como profesor fue para la Escuela Santa María de Iquique, la misma en donde se había perpetrado la masacre del 21 de diciembre de 1907. Al año de haber iniciado su labor como maestro, en agosto de 1936, sufrió la exoneración. Gobernaba, por segunda vez, Arturo Alessandri Palma.

Abandonó entonces Iquique y se dirigió a Concepción, donde vivía su familia. Se dedicó de lleno al trabajo partidario. Pocos meses después fue citado a la capital, donde participó en un pleno del Comité Central de la Federación Juvenil Comunista, a cuya cabeza estaba Luis Hernández Parker, quien poco después fue reemplazado por Ricardo Fonseca. Regresó a Concepción. Luego volvió a viajar a Santiago.

Así lo explica en sus Memorias: “A fines de año (1937) fui llamado a la capital para trabajar como secretario de Carlos Contreras Labarca, Secretario General del Partido, y desempeñar, al mismo tiempo, algunas tareas en el Comité Central de la Federación de Juventudes Comunistas”.

Se casa con la compañera Lily

El 25 de octubre de 1938 triunfó Pedro Aguirre Cerda, candidato del Frente Popular.

Trabajó en varios periódicos obreros. Enviado por el Partido, volvió a Iquique, donde se hizo cargo de la dirección de “El Despertar de los Trabajadores”, que Recabarren había fundado en enero de 1912. Más tarde laboró en El Siglo, del cual fue designado director en 1946.

El 14 de diciembre de ese año contrajo matrimonio con la compañera Lily Castillo. Escribe Luis Corvalán: “En Lily hallé un tipo de mujer que no había conocido. Además de buena moza y simpática, encontré que su afiliación a la causa comunista le salía de adentro”.

Tuvieron cuatro hijos: María Victoria, Viviana, Lily y Luis Alberto.

Encargado de propaganda

En 1948 pasó a la clandestinidad, adoptando el nombre de Luis Correa. Encabezó la Comisión de Propaganda que estaba formada por Carlos Rosales, Eugenio Vallejos y el doctor Hernán Sanhueza. Eran los momentos más duros de la represión de González Videla. Ocupaba el cargo de Secretario General del Partido el obrero Galo González, que asumió esa responsabilidad a la muerte de Ricardo Fonseca, el 21 de julio de 1949. En 1950 Luis Corvalán fue designado miembro del Comité Central. Narra don Lucho: “Con Galo me veía dos veces a la semana. Juntos trabajamos en informes y artículos. Editamos clandestinamente la revista del Comité Central ‘Principios’.”

Cuando lo conocí

El 4 de septiembre de 1952 el ex dictador Carlos Ibáñez ganó, por un impresionante margen, las elecciones presidenciales. Ese año fui designado miembro del Comité Regional Santiago de las Juventudes Comunistas, del cual era Secretario Político Mario Zamorano. Me encomendaron la tarea de ser responsable de la revista ‘Principios’. En esa calidad fui citado a una reunión clandestina del Frente de Propaganda del Partido. No recuerdo el lugar donde sesionamos. Pero sí del compañero que hizo un extenso, interesante y didáctico informe. Era bajo de estatura, muy flaco, de nariz pronunciada, con un bigotito debajo de ésta, de mucho fumar y de convincente hablar. Se llamaba Luis Correa. Tiempo después supe que se trataba de don Lucho. Así lo conocí, en una reunión de Propaganda, eludiendo la represión del gobierno del “paco” Ibáñez.

Secretario General

En el XIV Congreso del Partido, efectuado clandestinamente en Cartagena, en la Casa de Veraneo de la Escuela Faustino Sarmiento, en el mes de abril de 1956, fue nombrado miembro de la Comisión Política y del Secretariado del Comité Central.

El 8 de marzo de 1958, falleció el Secretario General del PC, el obrero Galo González, “El Comité Central –escribe Luis Corvalán en “De lo vivido y lo peleado”- me eligió como su secretario general. Galo González, en su lecho de muerte, había alcanzado a decir a José González que, en su opinión, yo debería sucederlo. Julieta Campusano fue la primera en expresar su acuerdo:
-Corvalán –dijo- es un revolucionario formado por el Partido. Y se explayó en otras consideraciones y palabras elogiosas que no puedo repetir.”

Al respecto, Julieta Campusano expresó hacia 1975: “Corvalán recuerda siempre que fui la que lo propuse para secretario general del Partido, y se reía porque dije que lo proponía porque lo consideraba el más equilibrado de todos. Según mi concepto él aparecía indiscutiblemente como el compañero que debía suceder al compañero Galo…”

Cuando lo escuché por segunda vez

El 8 de marzo de 1958 recibimos en Temuco la triste noticia del fallecimiento del camarada Galo González, Secretario General del Partido. Reunido el Comité Regional se adoptaron dos medidas: realizar esa noche una salida de propaganda callejera con la consigna “Viva Galo González, PC” con la hoz y el martillo. La segunda medida fue designar una delegación de cuatro dirigentes que viajara esa misma noche a Santiago para participar en los funerales del compañero Galo. Uno de los que formó esa delegación fui yo, en mi calidad de Secretario del Comité Regional Cautín de las Juventudes Comunistas de Chile. Viajamos en tren toda la noche. Llegamos a Santiago a las 7 de la mañana del 9 de marzo. Nos dirigimos al Sindicato Sicchel, ubicado en Catedral 2789, esquina de Sotomayor. Allí estaba la capilla ardiente. Hicimos, como otros cientos, una guardia de honor junto a la urna donde estaban los restos mortales del compañero Galo.

En la tarde del 10 de marzo fueron los funerales. Los cuatro de Cautín formamos parte del río de banderas rojas, puños y consignas.
“¡Compañero Galo González…! ¡Presente… ¡Ahora y Siempre!” “Y que fue… y que fue… ¡Aquí estamos otra vez!”

En la Plazoleta del Cementerio General un mitin de despedida. Allí habló el nuevo Secretario General del Partido. Dijo: “Hoy la ilegalidad del Partido Comunista ha terminado de hecho para siempre”. En ese triste y combativo momento escuché por segunda vez al compañero Luis Corvalán.

Conquistada la legalidad

A comienzos de 1958, se constituyó un amplio Bloque de Saneamiento Democrático que tenía dos objetivos: derogar la Ley de Defensa de la Democracia y modificar la ley electoral para impedir el descarado cohecho, la compra del voto, que realizaba la derecha.
El 2 de agosto de 1958, el Presidente Ibáñez promulgó la ley que derogaba la Ley Maldita, engendro liberticida que había utilizado en gran parte de su segundo gobierno.

Su influencia en el Partido

La conquista de la legalidad determinó, entonces, una importante transformación al interior de la vida del Partido Comunista.

Como sostuvo el escritor y periodista José Miguel Varas en 1975, “el cambio de ‘clima’ dentro del Partido fue muy notable, y se debió a la legalidad, pero no sólo a ello. Hubo algo muy personal en Corvalán que influyó a crear una sensación de gran confianza en la posibilidad de criticar, de que cada cual pudiera dar su opinión sobre cualquier materia, unido todo ello a la idea de que el Partido no era un club de debates, de que de todas maneras había que ser muy firme en las cosas fundamentales…”

Y agregaba José Miguel Varas: “Hasta la llegada de Corvalán a la Secretaría General, el Partido era en mucho un Partido de obreros endurecidos, golpeados, resistiendo al enemigo. Y Corvalán planteó la perspectiva completamente distinta, aunque lógicamente ello no era sólo cuestión de él, sino que correspondía también a un cambio en la situación: ‘Son ellos, los enemigos, los que tienen que estar a la defensiva. Ahora nosotros nos abrimos, ahora nosotros vamos a ser los dueños de la iniciativa aquí’ “.

En Temuco

En marzo de 1961, don Lucho fue elegido Senador por la Séptima Agrupación Provincial (Ñuble, Concepción y Arauco).

Jugó un rol destacado en la convergencia de las fuerzas de izquierda, tanto en el FRAP, como en la Unidad Popular.

El marzo de 1969 resultó electo Senador por la Tercera Agrupación Provincial (Aconcagua y Valparaíso).

En 1964 se publicó el folleto del compañero Corvalán titulado ‘Nuestra Vía Revolucionaria’.

Contando la firme

A fines de agosto de 1964, realizamos el acto de cierre de la campaña en Temuco. Como miles de allendistas en todo el país, estábamos convencidos que en verdad “la tercera sería la vencida”.
Ese día, como estaba programado, llegó a la estación ferroviaria el Tren de la Victoria. Venía una amplia delegación, varios dirigentes nacionales, entre ellos, don Lucho Corvalán.

Poco antes de iniciarse la concentración llamó a los miembros de la Dirección Regional. Quería conversar con nosotros. Como siempre lo hacía, comenzó por hacernos preguntas. ¿Cuál era la situación de la campaña en la provincia? ¿Qué opinión teníamos sobre los resultados en los comicios del próximo 4 de septiembre? ¿Qué nos parecía la cantidad de gente que estaba en el mitin de clausura de la campaña en Temuco? Nos preguntó a uno por uno. Nuestras respuestas fueron optimistas. Que la cosa en Cautín era buena; que ganábamos; que estábamos muy contentos por la cantidad de gente que llegó al acto.

Don Lucho hizo una pausa. Luego nos dijo: “Compañeros, esto es sólo para ustedes. ¿Creen que con un acto como éste podemos pensar en una victoria? No, compañeros. Los dirigentes no nos podemos auto engañar. Esta vez, tampoco ganaremos. Debemos saber la verdad, para no caer luego en actitudes desesperadas. Pero, insisto esto es sólo para ustedes, los dirigentes más responsables. No pueden ni siquiera insinuar algo así a los compañeros, a los aliados, a la gente. Porque es necesario seguir trabajando hasta el último minuto”.

Luego participamos en la concentración. Apenas terminó, partió el Tren de la Victoria. Fuimos a despedirlo a la Estación, que quedaba cerca del lugar donde se había realizado el mitin.

Mi experiencia vivida en las cuatro campañas presidenciales con Allende, me permite afirmar que, la única vez en que dirigentes y la gente allendista estábamos absolutamente seguros de que ganaríamos, fue en la el 64.

Incluso los adversarios no se la tenían segura.

Pero las cosas se dieron como nos había adelantado don
Lucho. Perdimos. La tercera no fue la vencida.

Un gran conductor del Partido

Durante los 31 años que Luis Corvalán fue el Secretario General del Partido, éste tuvo una amplia política de alianzas y fue un factor decisivo en la unidad de las fuerzas democráticas y populares.
Era mediado de 1969. La derecha ya había designado a su abanderado para las elecciones presidenciales de 1970. Era Jorge Alessandri Rodríguez. Otro tanto hizo la Democracia Cristiana, nombrando a Radomiro Tomic.

Los partidos de Izquierda comenzaron a presentar sus candidatos. La Acción Popular Independiente, API, proclamó a Rafael Tarud, que recibió el apoyo del Partido Socialdemócrata; el Partido Radical postuló al senador Alberto Baltra Cortés; el MAPU presentó a Jacques Chonchol.

En el Partido Socialista, luego de una dramática sesión, en que la mayoría de sus miembros se abstuvo, el Comité Central del PS proclamó a Salvador Allende.

Ante la carencia de candidato único de la izquierda, el Partido Comunista decidió proclamar como abanderado a Pablo Neruda, el martes 30 de septiembre.

Surge la Unidad Popular

El 9 de octubre de 1969 fue un día histórico: se fundó la Unidad Popular. La constituyeron partidos marxistas: el Comunista y el Socialista; colectividades socialdemócratas: el Partido Radical, Socialdemócrata, la Acción Popular Independiente y un partido de raíz cristiana, el MAPU.

Don Lucho jugó un importante rol en la constitución de la Unidad Popular, en la elaboración y aprobación del Programa Básico del Gobierno Popular, del Pacto de Gobierno, donde se establecieron las pautas por las cuales se regiría la administración de la Unidad Popular, y del documento sobre el Estilo de la Campaña presidencial.

Buscando el candidato único

La creación del Comité Coordinador de la Unidad Popular, la aprobación del Programa de Gobierno y de los otros documentos de la coalición de Izquierda, hicieron pensar que pronto habría acuerdo sobre el candidato. Pero no fue así.

Se inició 1970, el año de los comicios electorales. Poco a poco se fue aclarando el panorama. Renunciaron Jacques Chonchol, Alberto Baltra, Pablo Neruda. Pero aún quedaban dos: Rafael Tarud y Salvador Allende. Ninguno con visas de ceder.

Ante la demora por la designación del abanderado, el Partido Comunista convocó a una concentración pública en Santiago para el 22 de enero de 1970 y advirtió: si para el inicio de ese acto no hay acuerdo, el Partido Comunista proclamará definitivamente a Pablo Neruda.

Salió humo blanco

Y ocurrió lo tan esperado. Poco antes del plazo señalado, el Comité Coordinador de la Unidad Popular llegó a un acuerdo. Fue así como al comenzar la concentración, Luis Corvalán pudo decir:

“Salió humo blanco. Ya hay candidato único. Es Salvador Allende.”
Estalló la alegría. La emoción pobló los corazones. La multitud llenó la Plaza Bulnes y sus alrededores con aplausos y una consigna: “El pueblo, unido… jamás será vencido… El pueblo unido…”

Fue así, como desde el 22 de enero de 1970, faltando sólo 225 días para las elecciones presidenciales, la Unidad Popular – por fin – tuvo candidato. Era la cuarta vez que Salvador Allende postulaba como abanderado popular a la Presidencia de la República.

Con Luis Corvalán a la cabeza, los comunistas entregamos una contribución fundamental para alcanzar la victoria popular del 4 de septiembre de 1970 y fuimos gran aporte durante el gobierno presidido por Salvador Allende.

En el gobierno popular

En el Gobierno de Salvador Allende, los comunistas participamos en el Gabinete con tres ministros y estuvimos a la cabeza de la batalla por la producción.

Del 30 de marzo al 9 de abril, Don Lucho participó en el XXIV Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética.

El 4 de abril habían tenido lugar las elecciones municipales en que la Unidad Popular logró el 50,86% de los votos.

El 11 de julio, se nacionalizó la gran minería del cobre.

En agosto apareció el libro de Corvalán ‘Camino de Victoria’.
El 2 de enero de 1972, presidió el gran acto de masas que el Partido realizó en el Estadio Nacional.

Derrotadas dos intentonas

Trabajadores y soldados constitucionalistas derrotaron el intento de derrocar el Gobierno Popular a través del Paro Patronal de Octubre.
En noviembre, Luis Corvalán integró la comitiva del Presidente Allende en la visita oficial realizada a la Unión Soviética. Ocupó el cargo de Vicepresidente el general Carlos Prats, a la fecha Ministro del Interior del Gobierno Popular.

En las elecciones parlamentarias del 4 de marzo de 1973 la Unidad Popular obtuvo el 44% de los votos, impidiendo con ello que se impusiera el llamado Golpe Blanco.

Prisionero político

El 11 de septiembre de 1973 los fascistas asaltaron el poder. Bombardearon y atacaron La Moneda, en donde murió el compañero Presidente.

Después del golpe fascista, Luis Corvalán fue detenido el 27 de septiembre de 1973. Estuvo como prisionero político en la Escuela Militar, en la Escuela de Infantería de San Bernardo, en Isla Dawson, Ritoque y Tres Álamos. Mientras estuvo en manos de la dictadura, envió mensajes plenos de fuerza y optimismo. Proclamó: “No temo por mí. Amo la vida, pero no temo la muerte si fuera necesario caer por mi causa”. Por su parte, la compañera Lily se jugó por entero por su vida y su libertad.

Fue liberado por la solidaridad internacional, en especial de la Unión Soviética, el 17 de diciembre de 1976. Realizó una gran actividad en el exilio.

Mi encuentro con Don Lucho en Bonn

El 11 de mayo de 1978 viajé a Bonn a un Encuentro organizado por el Comité de Solidaridad Antiimperialista de la RFA (ASK) de las organizaciones de la solidaridad con Chile, los chilenos exiliados con el camarada Luis Corvalán que realizaba una gira por diversos países, luego de haber sido arrancado de las garras fascistas por la solidaridad internacional el 17 de diciembre de 1976. Allí tuve la oportunidad de abrazar al querido compañero Luis Corvalán Lépez, a quien considero el más grande dirigente comunista chileno después de Luis Emilio Recabarren. Una foto aparecida en la contraportada de la edición Nº 7-8 de 1978, de la revista “Boletín Antiimperialista de Información” (AIB), ha dejado plasmado ese abrazo, con la lectura: “Alegre reencuentro: Iván Ljubetic y Luis Corvalán en el evento organizado por el ASK el 11 de mayo de 1978”.

El 3 de septiembre de 1980 proclamó en un acto en Moscú la Política de Rebelión Popular de Masas.

El 20 de agosto de 1983 ingresó clandestinamente a Chile.

El “XV” Congreso clandestino

Era mayo de 1989. Hacía casi un mes que yo había llegado a Santiago. Concurrí al local de “Chile, ríe y canta”, donde habíamos sido citados. Nos reunimos gran cantidad de compañeros. Algunos viejos conocidos con los que no nos veíamos 16 o 30 años. Otros nuevos. Escuchamos el Informe del Comité Central al Congreso.
Después los delegados del exterior fuimos concentrados en un punto de Santiago, en donde nos entregaron copias del Informe para que lo estudiáramos durante un día.

A la mañana siguiente, en una esquina del centro, nos pasó a buscar una camioneta en la que partimos rumbo a la costa. Llegamos a una gran casa cerca del Pacífico, en San Sebastián.

Desde el comienzo yo estaba admirado de la eficaz manera en que todo funcionaba y las adecuadas medidas de seguridad.

Allí nos encontramos con muchos otros camaradas. Conversábamos alegremos. Trataba de reconocer a viejos amigos. De pronto se me acercó alguien que no ubicaba. Me dijo: “¿No me saluda, compañero Iván?”. Por su voz supe que era don Lucho.

De su intervención

En ese Congreso, el compañero Corvalán hizo buena intervención, junto a la de la compañera Julieta, en mi opinión, las mejores.
Comenzó diciendo: “Esta es la primera reunión con más de diez personas en que participo desde mi ingreso al suelo patrio. He sentido una inmensa alegría al ver con mis propios ojos el gran Partido que tenemos.”

Más adelante enfatizó: “Entre las concepciones obsoletas está la exaltación de la llamada pureza de la línea, en custodia de la cual más de algún compañero ha creído buenamente, tener una misión predestinada. La línea del Partido está en constante confrontación con la práctica y, por tanto, no es nunca pura ni exacta; está sujeta a rectificaciones y perfecciones de uno u otro volumen y, como se ha remarcado en el Congreso, el Partido es una organización viva que tiene sus propias contradicciones y es campo de lucha permanente entre lo nuevo y lo viejo.”

Agregó: “Yo estuve seis años y medio en el exilio. El mayor tiempo el trabajo del Partido estuvo encabezado afuera por el compañero Volodia. Quiero expresar que, a mi juicio, tanto él como los compañeros Américo Zorrilla, Orlando Millas y otros hicieron un gran trabajo en varios aspectos, preocupados de ayudar al Partido del interior.”

También Julieta

Por su parte, la siempre mesurada compañera Julieta Campusano, sostuvo: “Nadie, considero, tiene un puñal debajo del poncho para destruir el baluarte seguro de la dirección que tiene el pueblo de Chile. Este Partido tiene raíces profundas y sólidas, fue formado por Recabarren, por la fe de Ricardo Fonseca, por Galo González y, por qué no decirlo, por el compañero Luis Corvalán. Lo diferente de este Congreso con los anteriores, con varios de ellos, es que se realiza en una etapa nunca vivida antes por el Partido: bajo una tiranía fascista”.

En ese Congreso clandestino de mayo de 1989, Don Lucho dejó la secretaría general del PC, siendo reemplazado por el compañero Volodia Teitelboim, pero siguió como miembro del Comité Central.

Después del retorno

Regresé a Chile el 23 de octubre de 1990. Me quedé a vivir en Ñuñoa. Visité varias veces al compañero Corvalán en San Bernardo. Siempre me recibió muy fraternalmente, como lo hacía con todos los compañeros. Me ayudó mucho cuando escribía ‘Don Reca’ y otros libros. Me entregaba informaciones y opiniones. Me prestó y regaló folletos y libros suyos. Uno de estos fue ‘Camino de Victoria’, que me lo dedicó con hermosas palabras: “A mi viejo y querido compañero Iván Ljubetic Vargas dejo en sus manos, ¡en buenas manos! este ejemplar de un libro que recoge la posición y la experiencia del Partido en un buen trecho de su vida. Luis Corvalán. San Bernardo, 11 de noviembre de 1998”.

Después se trasladó a Ñuñoa. Seguí visitándolo. Cuando no lo hacía me invitaba a hacerlo. Estuvimos juntos en muchos actos y reuniones. Siempre era de gran interés escucharlo. Era uno de esos dirigentes, como quedan pocos, dedicados a transmitir sus experiencias y conocimientos. Aprendí mucho de él. Fue un gran maestro.

Cuando tuve problemas con algunos dirigentes del Partido, él siempre me aconsejó sabiamente. Fue muy solidario conmigo.
En julio de 2010, pocos días antes su fallecimiento, fue la última vez que estuve con él.

Nos reunimos en su casa de calle Francisco Villagra junto con David Mc Conell, para intercambiar opiniones sobre un libro que deseaba escribir. Lo noté muy cansado, con dificultades para concentrarse. Pero jamás pensé que sería la última ocasión que estaríamos juntos.

La herencia teórica de Don Lucho

Escribió muchos artículos, informes, comentarios. Todos plenos de riqueza ideológica.

Entre sus libros tenemos:

‘Ricardo Fonseca, combatiente ejemplar’ (1952),

‘Camino de Victoria’ (1971),

‘Algo de mi vida’ (1978),

‘Chile: 1970 – 1973’ (1978),

‘La Rebelión Popular se abre camino en Chile’ (1981),

‘Tres Períodos de nuestra línea revolucionaria’ (1982),

‘Santiago-Moscú-Santiago’ (1983),

‘El derrumbe del poder soviético’ (1993),

‘De lo Vivido y lo Peleado. Memorias’ (1997),

‘El Gobierno de Salvador Allende’ (2003) y

‘Los comunistas y la democracia’ (2008).

Así terminé mis palabras hace ocho años

“Una pena muy grande nos invade al sufrir esta pérdida irreparable para el pueblo chileno. Pero al mismo tiempo, nos embarga el sano orgullo y la alegría de haberlo conocido, compartido con él en múltiples ocasiones. Siempre estuvo presente en las reuniones de su célula y en todo acto que realizamos en Ñuñoa; siempre feliz cuando en nuestras fiestas de confraternidad entregábamos carné a nuevos camaradas. Siempre insistiendo en la necesidad de crecer, de tener un Partido más grande.

Don Lucho fue la sencillez y la fraternidad comunista hecha persona. Ocupó los más altos cargos en el Partido, pero mantuvo siempre esa modestia que sólo los grandes seres humanos pueden mostrar.
Don Lucho seguirá junto a nosotros. En su homenaje los comunistas continuaremos trabajando por lograr un Partido como él lo planteaba, un Partido de masas”.

Ernest Hemingway y la revolución cubana

Iván Ljubetic Vargas, historiador del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren, CEILER

Fidel Castro y Ernest Hemingway

Aunque Hemingway no participó de forma directa en la Revolución Cubana, simpatizaba con ella y con muchos de sus líderes. Modesta, discretamente, a través de su Finca Vigía, prestaba su colaboración a los revolucionarios cubanos. Por eso, que el gobierno de los Estados Unidos lo forzó a abandonar el país.

En enero de 1959 Hemingway realizó declaraciones a la prensa estadounidense a favor de la Revolución (estaba en EE UU en ese momento), en las que expresó su esperanza con lo que sucedía en la Isla y apoyó el ajusticiamiento a los esbirros de la tiranía de Batista.
En ese mismo año, estando en Europa, declaró públicamente su satisfacción por el triunfo de la Revolución Cubana. En marzo regresó a Estados Unidos. Un gesto señaló su amor profundo a la revolución: besó la bandera cubana.

Hubo otras declaraciones que dio sobre el proceso revolucionario cubano. El 4 de febrero de 1960, lo visitó Anastás Mikoyán, primer ministro de la Unión Soviética. En esa oportunidad Hemingway afirmó al periódico Pravda —esto lo reprodujo luego la revista Time—, que la Revolución Cubana era indestructible y fabulosa.

Viajó a Cuba conversó con el Comandante en Jefe Fidel Castro. Compartieron y fueron ampliamente fotografiados. Poco después llegaron a su casa y le dijeron que si permanecía en Cuba sería considerado un traidor.

Hemingway nunca tuvo problemas con el gobierno cubano. Estando en Estados Unidos se comunicó con algunos amigos suyos para indagar acerca de su posible regreso a la isla y estos le afirmaron que podía hacerlo cuando quisiera. En uno de sus libros se encontró un brazalete del movimiento 26 de julio y bonos del Partido Socialista Popular (comunista), de Guanabacoa, al que contribuía con dinero.
Leonardo Depestre en su libro “Cien Famosos en La Habana”, relata que en el aeropuerto internacional José Martí fue recibido por un amplio grupo de amigos y vecinos del pueblito de San Francisco de Paula, quienes le obsequiaron una bandera cubana. Luego añade el autor que en esa ocasión Hemingway declaró a un reportero:”Me siento muy feliz de estar nuevamente aquí, porque me considero un cubano más. No he creído ninguna de las informaciones que se publican contra Cuba en el exterior. Simpatizo con el gobierno cubano y con todas las dificultades.

Hemingway expresó su confianza en el proceso revolucionario, en carta al general Charles T. Lanham, fechada en Ketchum, el 12 de enero de 1960:

“Decir que tú no eres un yanqui imperialista pero sí un chico del Viejo San Francisco de Paula, la villa donde has vivido 20 años durante los últimos tiempos, no es una renuncia a tu ciudadanía. Soy un buen americano y he estado batallando por mi país todo lo posible, sin pago y sin ambición. Pero creo completamente en la necesidad histórica de la Revolución cubana…”

Hemingway y el general Charles Lanham (Alemania, 1945)

Ernest Hemingway

Iván Ljubetic Vargas, historiador del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren, CEILER

Ernest Miller Hemingway nació en Oak Park, Illinois, un suburbio de Chicago, el 21 de julio de 1899. Su padre, Clarence Edmonds Hemingway, era médico y su madre, Grace Hall Hemingway, músico. Ambos educados y muy respetados en la comunidad conservadora de Oak Park. La familia se mudó finalmente a una casa de siete habitaciones en un barrio respetable con un estudio de música para Grace y un consultorio médico para Clarence. Su padre le enseñó, siendo un niño de cuatro años, a cazar, pescar y acampar en los bosques y los lagos del norte de Míchigan. Sus primeras experiencias en la naturaleza inculcaron la pasión por la aventura al aire libre y la vida en zonas remotas o aisladas.

La familia Hemingway en 1905, desde la izquierda: Marcelline, Sunny, Clarence, Grace, Ursula y Ernest.

Hemingway, escritor y periodista estadounidense. Uno de los principales novelistas y cuentistas del siglo XX. Su estilo sobrio y minimalista tuvo una gran influencia sobre la ficción del siglo XX, mientras que su vida de aventuras y su imagen pública dejaron huellas en las generaciones posteriores. Hemingway escribió la mayor parte de su obra entre mediados de 1920 y mediados de 1950. Ganó el Premio Pulitzer en 1953 por El viejo y el mar y al año siguiente el Premio Nobel de Literatura por su obra completa. Publicó siete novelas, seis recopilaciones de cuentos y dos ensayos. Póstumamente se publicaron tres novelas, cuatro libros de cuentos y tres ensayos. Muchos de estos son considerados clásicos de la literatura de Estados Unidos.

Hemingway vivió su juventud en Oak Park (Illinois). Después de la escuela secundaria, trabajó durante unos meses como periodista del Kansas City Star.

A principios de 1918 Hemingway respondió a una campaña de reclutamiento de la Cruz Roja en Kansas City, y firmó contrato para convertirse en un conductor de ambulancias en Italia. Salió de Nueva York en mayo y llegó a París mientras la ciudad estaba bajo el bombardeo de la artillería alemana.

En junio estaba en el Frente Italiano. En su primer día en Milán fue enviado a la escena de la explosión de una fábrica de municiones donde los rescatistas recuperaron los restos triturados de las obreras. Describió el incidente en su libro Muerte en la tarde: «Me acuerdo que, después de haber buscado los cuerpos completos, se recogieron los pedazos».

El 8 de julio fue gravemente herido por fuego de mortero, cuando acababa de regresar de la cantina para traer chocolate y cigarrillos para los hombres en el frente. A pesar de sus heridas, Hemingway logró rescatar un soldado italiano, lo que le valió la Medalla de Plata al Valor Militar del gobierno italiano. Con sólo dieciocho años, Hemingway comentó sobre los hechos: «Cuando uno se va a la guerra como joven, tiene una gran ilusión de inmortalidad. Son las otras personas que mueren, no te ocurre a ti. … Entonces, al estar gravemente herido por primera vez, uno pierde esta ilusión y sabe que puede pasar a uno mismo”. Sufrió graves heridas de metralla en ambas piernas, fue sometido a una operación inmediata en un centro de distribución y pasó cinco días en un hospital de campaña antes de ser trasladado al hospital de la Cruz Roja en Milán para su recuperación. Pasó seis meses en el hospital.

En 1921 se casó con Hadley Richardson, la primera de sus cuatro esposas. La pareja se mudó a París. Allí Hemingway trabajó como corresponsal extranjero, y asimiló la influencia de los escritores y artistas modernistas de la comunidad de expatriados, la «Generación perdida» de la década de 1920. La primera novela de Hemingway, Fiesta, fue publicada en 1926.

Estuvo en España durante guerra civil, donde ejerció como periodista. Escribió Por quién doblan las campanas. Posteriormente estuvo presente durante el desembarco de Normandía y la liberación de París.

En 1947 Hemingway fue galardonado con una Estrella de Bronce por su valentía durante la Segunda Guerra Mundial. Fue reconocido por su valor, tras encontrarse «bajo fuego en las zonas de combate con el fin de obtener una imagen precisa de las condiciones» con la mención de que «a través de su talento de expresión, el señor Hemingway permitió a los lectores obtener una imagen vívida de las dificultades y los triunfos del soldado de frente y su organización en el combate».

Poco después de la publicación de El viejo y el mar en 1952, Hemingway se fue de safari a África, donde estuvo a punto de morir en dos accidentes aéreos sucesivos que lo dejaron con dolor y problemas de salud por gran parte del resto de su vida. Hemingway tenía residencia permanente en Cayo Hueso, Florida (durante la década de 1930) y Cuba (durante la década de 1940 y 1950). En 1959 compró una casa en Ketchum (Idaho), donde se suicidó el 2 de julio de 1961.

Obras literarias de Ernest Hemingway

Novelas

• Aguas primaverales (The Torrents of Spring, 1926)
• Fiesta (The Sun Also Rises, 1926)
• Adiós a las armas (A Farewell to Arms, 1929)
• Tener y no tener (To Have and Have Not, 1937)
• Por quién doblan las campanas (For Whom the Bell Tolls, 1940)
• Al otro lado del río y entre los árboles (Across the River and into the Trees, 1950)
• El viejo y el mar (The Old Man and the Sea, 1952)
• Islas en el golfo [o Islas a la deriva] (Islands in the Stream, 1970)
• El jardín del Edén (The Garden of Eden, 1986)
• Al romper el alba (True at First Light, 1999)

Relatos

• Tres relatos y diez poemas (Three Stories and Ten Poems, 1923)
• En nuestro tiempo (In Our Time, 1925)
• Hombres sin mujeres (Men Without Women, 1927)
• El ganador no se lleva nada (Winner take Nothing, 1933)
• La quinta columna y los primeros cuarenta y nueve relatos (The Fifth Column and the First Forty-Nine Stories, 1938).
• Nick Adams (The Nick Adams Stories, 1972)

Otras

• Muerte en la tarde (Death in the Afternoon, 1932)
• París era una fiesta (A Moveable Feast, 1964)
• El verano peligroso (The Dangerous Summer, 1985)

Hemingway en la cultura popular

Aparte de las diferentes adaptaciones cinematográficas de sus novelas y relatos, Ernest Hemingway ha sido representado por el actor Clive Owen en el biopic cinematográfico “Hemingway y Gellhorn” (2012), dirigida por Philip Kaufman. En esta película narra la relación y posterior matrimonio de Hemingway con Martha Gellhorn, interpretada por Nicole Kidman. El escritor también ha sido interpretado por Cory Stoll, en el celébre film de Woody Allen, “Midnight in Paris” (2011). En este film el protagonista, un escritor estadounidense (Owen Wilson), consigue viajar al pasado y se introduce en los círculos artísticos de París en los años 20, donde entre otros conoce a Ernest Hemingway. También fue representado por Dominic West en “El editor de libros” (2016) dirigida Michael Grandage.

En la ficción española, fue representado en un episodio de “El Ministerio del Tiempo”. En este caso, el actor Félix Arcarazo lo retrataba como un mujeriego y bebedor en los sanfermines de Pamplona en el episodio 12 de la segunda temporada (2016).

El componente militar en la liberación de Sudáfrica

El componente militar en la liberación de Sudáfrica

Leo Fonseca

Cuando se lean estas notas es posible que Nelson Mandela, Madiba, haya fallecido o viva los últimos tiempos de su gloriosa existencia. Se rememorará en la prensa su lucha en contra de la brutal segregación racial y explotación impuesta al pueblo negro, los originarios de Sudáfrica, por parte de una minoría blanca, colonialista, quién manejó el país por más de tres siglos. Dicha minoría dictó un conjunto de leyes racistas conocidas como Apartheid destinada a mantener aplastados a los negros con la más brutal segregación que conoce la historia moderna. Los mandantes principales no eran sólo los capitalistas locales sino también las empresas transnacionales principalmente norteamericanas y europeas. Durante decenios EEUU y los países europeos apoyaron directa o indirectamente al régimen racista y a la explotación de los pueblos originarios.

Mandela, encarcelado durante 27 años, fue el símbolo de la rebeldía, de la intransigencia en los principios de su pueblo los cuales eran sostenidos tanto por el Partido del Congreso Africano (ANC), la organización de Mandela, como de su partido aliado, el Comunista de Sudáfrica. Miles y miles de militantes fueron asesinados en ese estado terrorista sólo comparable con el régimen nazi.
La liberación de Mandela y el fin del las leyes racistas, la obtención de derecho a sufragio de los negros y el derrumbe del régimen fue producto en gran medida de una enorme lucha popular utilizando en su etapa final todas las formas de lucha. Al mismo tiempo que se desarrollaba una gigantesca campaña internacional de boicot y rechazo a los racistas por todos los sectores progresistas del mundo.

Los olvidos

Sin embargo, se tiende a olvidar que uno de los factores del derrumbe del sistema de dominación blanca fue también de carácter militar. Y en ese proceso jugó un papel decisivo el pueblo cubano y sus fuerzas armadas las cuales derrotaron sucesivamente al ejército sudafricano, de enormes recursos técnicos y de una insolente soberbia racial. También en este proceso Cuba y otros países del entonces campo socialista formaron a miles de combatientes que en la etapa decisiva de la lucha desarrollaron una efectiva guerrilla urbana y rural tanto en Sudáfrica como en la Namibia ocupada por los racistas. Un analista sudafricano observaba en febrero de 1976: “En Angola, soldados negros -cubanos y angolanos- derrotaron a las tropas blancas en combate…….se está desvaneciendo -agrega- esa ventaja psicológica, esa ventaja que el hombre blanco ha disfrutado y explotado durante más de 300 años de colonialismo e imperio. El elitismo blanco ha recibido un golpe irreversible en Angola y los que estuvieron allí lo saben” (1)

Hoy existe una clara tendencia en los medios a olvidar que estas tropas jugaron ese papel decisivo en el desgaste y derrota militar de los racistas lo cual ayudó a abrir paso a la liberación tanto de Sudáfrica como de Namibia. Cientos de cubanos entregaron su vida en esta epopeya notable del internacionalismo cayendo lejos de su patria para conquistar la libertad de los pueblos africanos.
Previamente los portugueses sufren derrotas en sus colonias africanas.
Antes, hasta mediados de los 70, Angola, Mozambique, y Guinea Bissau eran colonias de Portugal. Allí se desarrollaba una lucha guerrillera anti colonialista lo cual constituyó un factor de desgaste humano y económico para el decadente “imperio” portugués. El ejército se sublevó en Lisboa detonando la “revolución de los claveles” que puso fin al sistema colonialista de varios siglos y, de paso, dio al traste con la dictadura que oprimía al propio pueblo portugués.

Cuando se retiraban los portugueses de Angola, en noviembre de 1975 entregando el poder al Movimiento Por la Liberación de Angola (MPLA), los sudafricanos y grupos de angolanos afines a ellos UNITA y FNLA, con el apoyo de EEUU, iniciaron una ofensiva desde el sur para aplastar al nuevo gobierno con el fin de imponer un régimen obsecuente (Angola cuenta con petróleo, diamantes y enormes recursos hidráulicos). Las tropas sudafricanas y sus títeres estaban a las puertas de Luanda, la capital de Angola, habiendo conquistado la mayor parte del sur del país y las principales ciudades. Estaban listas para aplastar al nuevo gobierno.

Los cubanos entran en acción

Entonces, todos los aviones de Cubana de Aviación trasladaron desde Cuba a las tropas de elite del Ministerio del Interior (MININT) mientras contingentes del las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba (FAR) viajaban a toda máquina en barcos cargueros. En cuanto arribaron partieron directamente al frente de combate. Ellos y los angolanos frenaron, derrotaron e hicieron retroceder a los sudafricanos y sus títeres que ya celebraban la caída de la capital y del gobierno progresista.

Por primera vez los sudafricanos blancos se encontraron no con una guerrilla local sino con un ejército que manejaba eficientemente los medios técnicos y, sobre todo, contaban con una moral de combate producto de su formación revolucionaria internacionalista.
Un hito en esta guerra fue la frenada a los blindados sudafricanos en la batalla del río Ebo. El ministro de defensa angolano Iko Carreira, señaló entonces que: “fue un momento decisivo para Angola y la victoria se debió, sobre todo, a (Comandante) Díaz Argüelles, quien pasó a ser una leyenda en la historia moderna de Angola”. (2)
Los cubanos y angolanos avanzaron hacia el sur recuperando el territorio que habían conquistado los sudafricanos, los mercenarios blancos de Europa y sus socios negros de la UNITA.

Las tropas racistas abandonaron Angola retirándose a Namibia, territorio al norte de Sudáfrica que ocupaban y explotaban, sin embargo dejaron en el sur de Angola a miles de guerrilleros de UNITA y mercenarios blancos contratados y armados por Sudáfrica y EEUU, iniciándose un proceso de enfrentamientos permanentes destinado a debilitar y desangrar a la naciente nación angolana. A los EEUU le interesaba, además, derrotar a las tropas cubanas de cualquier manera.

Cuba siguió aportando tropas llegando a un total de 50 mil en 1988 para la batalla decisiva, disponiendo de armamento y técnica suministrad por la Unión Soviética, aunque en un inicio trajeron sus propias armas para parar el primer golpe.

La lucha duró trece años más

Esta lucha duró muchos años con diferentes situaciones. En primer lugar Angola se convirtió en un centro de entrenamiento para la SWAPO organización para la liberación de la Namibia ocupada; además, miles de namibios se internaron en el sur de Angola como refugiados de la represión racista. Fue un combate permanente debido a las incursiones sudafricanas sobre territorio angolano especialmente aéreas. En segundo lugar, las tropas cubanas se mantuvieron en una línea de defensa a 270 km. de la frontera donde estaban las fuerzas racistas y en un ancho de 600 km. En tercer lugar, en todo el territorio se desarrolló una guerra irregular con fuerzas de los grupos UNITA y FNLA con el objetivo de, como señalamos, desmoralizar y desangrar a los combatientes angolanos y cubanos para derrotarlos posteriormente con una invasión militar masiva del ejército sudafricano. En cuarto lugar impedir el trabajo de los colaboradores civiles cubanos que entre 1976 y 1991 en una cifra de 42 mil cumplieron misiones médicas, educativas y técnicas. Para los racistas el desarrollo económico, la educación y la salud de la población oprimida por el colonialismo eran actividades antagónicas a sus principios.

La batalla final

En julio de 1987 en forma abierta las tropas sudafricanas invadieron el sur de Angola. Su objetivo era destruir las fuerzas de elite de los angolanos estacionadas cerca de la frontera sur, desarrollar negociaciones bajo presión militar con la mediación de EEUU, exigiendo el cese de la ayuda a los luchadores de Namibia, obligar al gobierno angolano a la reconciliación con la UNITA aliada de los racistas y, lo fundamental, la retirada de las tropas cubanas. Para ello habían creado una gran agrupación de fuerzas y medios a fin de lograr sus objetivos y la victoria.

Las tropas de elite angolanas se reagruparon en Cuito Cuanavale pasando a la defensiva y resistiendo los embates de la artillería y la aviación. En estas condiciones el gobierno de Angola solicitó apoyo a los cubanos. Fidel señaló que lo que allí se requería era dar un golpe decisivo a los racistas con nuevas fuerzas y medios que se enviaron con la mayor rapidez posible. Entre otros Cuba envió a sus pilotos militares más experimentados con los cuales logró el dominio del aire.

La batalla más intensa se desarrolló entre enero y marzo de 1988 en que las pérdidas sudafricanas fueron cuantiosas en hombres y medios siendo derrotados en forma aplastante. El golpe de gracia lo dieron los cubanos a mediados de 1988 al destruir un reintento de los racistas por lograr posiciones favorables dentro de Angola, los pilotos cubanos los “apilonaron” sin piedad.

Las negociaciones

Hasta antes de la derrotas militar las exigencias Sudáfrica-EEUU pasaban por la retirada de las tropas cubanas y la creación de un gobierno con UNITA, los aliados de los racistas, pero después de la debacle militar fueron más cautos.

El 22 de diciembre de 1988 se firmó, en la sede de las NNUU en Nueva York, por parte de los gobiernos de Angola, Cuba y Sudáfrica el acuerdo que establecía la independencia de Namibia con la retirada de Sudáfrica y sus tropas, elecciones libres en ese país (que ganó la SWAPO) y la retirada del contingente cubano en un plazo de 27 meses.

Conclusión

La derrota militar sudafricana representó una sangría inesperada de miles de militares de raza blanca muertos y heridos, la mayoría hijos del sector dominante, además de los mercenarios europeos que los acompañaron. Esto conmocionó al país. Al mismo tiempo la guerra agudizó los problemas de la economía afectando los intereses de los empresarios que también sentían el bloqueo que tímidamente le aplicaban los países europeos y EEUU. Mientras tanto se desarrollaba en forma creciente la lucha de los negros sudafricanos quienes, además, eran estimulados por la derrota de los racistas a manos de las tropas cubanas y angolanas.

El Comandante cubano Jorge Risquet, quien participó activamente en todo este proceso hasta la firma de los acuerdos, señaló: “La victoria de Angola frente a la invasión extranjera; la permanencia de las tropas cubanas en el país y la activa colaboración de Cuba y la República Popular de Angola con los patriotas namibios, zimbaweanos y sudafricanos, repercutió favorablemente en la solución futura de Rodhesia, más tarde de Namibia y, por último, de África del Sur”. (3)

Leonardo Fonseca

05 de julio de 2013

Notas
(1) Roger Sargent, RDM, citado por Piero Gleijeses, “Misiones en Conflicto” Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2007, pag 539.

(2) Iko Carreira “O Pensamento”.
NR: El Comandante Raul Días Argüelles cayó luchando heroicamente en Angola en contra de los blindados sudafricanos el 11 de diciembre de 1975 a la edad de 39 años.

(3) Introducción al libro “Misiones en Conflicto”, pag. XX, escrito en enero de 2002.

A pesar de todo, Eduardo Contreras

A PESAR DE TODO

Eduardo Contreras

Presentación de la segunda edición actualizada de “La Vida a pesar de todo” del
Arquitecto Miguel Lawner. Centro Cultural de España, 10 de junio de 2018

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El libro que hoy presentamos nos transporta a los Mil días del Gobierno de la Unidad Popular, un momento señero de la historia de nuestro país. Culminación de un largo proceso de unidad de las fuerzas populares, de trabajo creativo de los partidos de la Izquierda chilena y de la lucha de los trabajadores y todo el pueblo por sus derechos esenciales.

Un tiempo que además esperamos ser capaces de revivir, de recuperar, por cierto en las diferentes condiciones del mundo en que hoy vivimos, pero que igual abra las grandes alamedas más temprano que tarde para que pase el pueblo.

Aquellos fueron años de grandes constructores. Desde luego el Presidente Salvador Allende y los partidos de la Unidad Popular que impusieron los intereses del proceso de profundos cambios por sobre los intereses particulares de cada organización política. Tiempo de duras luchas, y también de alegría y de creatividad. Mañana es otro aniversario de la Nacionalización del Cobre.
Floreció el campo de la Cultura en sus más variadas expresiones. Chile despertaba con la música de grupos emergentes, Inti Illimani, Quilapayún, Illapu, entre varios otros….. y por cierto con las canciones de Victor Jara.

El país leía la historia nacional narrada por Hernan Ramírez Necochea y las creaciones de la imaginación literaria de muchos, entre ellos Francisco Coloane, José Miguel Varas, Juvencio Valle, Joaquín Gutiérrez, Luis Enrique Délano, Poli Délano y por supuesto de Pablo Neruda, de Pablo de Rokha, de Gabriela Mistral.

La editorial Quimantú, creada en ese tiempo hacía posible y habitual ver a modestos trabajadores leyendo clásicos de la literatura universal en los buses de la locomoción colectiva mientras se dirigían o regresaban de sus trabajos.

El país se coloreaba con la pintura de Nemesio Antúnes, Pepe Balmes, Gracia Barrios, José Venturelli, Julio Escámez, Roberto Matta, Guillermo Núñez.

De algún modo todos quienes apoyábamos el cambio social, aportábamos a esa construcción. Y entre esos constructores del tiempo nuevo, un matrimonio de jóvenes arquitectos : Miguel Lawner y Anita María Barrenechea.

La creatividad de Miguel es ampliamente conocida y reconocida. No sólo se expresa a través de su calidad profesional en obras como el GAM, Parque O´Higgins, su amplia labor en viviendas sociales, sino también como un buen escritor y su papel, en tiempos muy difíciles, como Director del Instituto Alejandro Liptchuz, el ICAL.

Les conocí a ambos a fines de 1970 cuando era por entonces un joven alcalde de la ciudad de Chillán. Gracias a su ayuda y en especial de Miguel, como autoridad de la Corporación de Mejoramiento Urbano, logramos el apoyo necesario para transformar las 2 más grandes tomas de terreno de pobladores sin casa de la época de Frei Montalva en nuestra ciudad, en hermosas poblaciones que habitan hasta hoy más de dos mil personas. Fueron inauguradas en tiempo de la UP como las poblaciones “Violeta Parra”, “Ché Guevara” y “21 de diciembre” en recuerdo a la masacre de obreros del Salitre de la Escuela Santa María en Iquique en 1907.

Por supuesto, hoy no pueden llamarse así. Pero sin el concurso de Miguel simplemente no habrían existido.

Esta segunda edición de “La vida a pesar de todo” llega en el momento preciso, cuando cursamos una etapa signada por el enorme retroceso cultural y ético impuesto en nuestro país por la dictadura y que se expresa en esta suerte de indiferencia generalizada frente a las cuestiones de fondo de la vida en sociedad. El individualismo llevado al límite, el consumismo desenfrenado, el olvido de lo colectivo, la amnesia impuesta por los medios de comunicación al servicio de los grandes grupos económicos nacionales y transnacionales, crean hoy un escenario peligroso que los grupos de poder reaccionario aprovechan bien.

El libro que hoy regresa contiene un mensaje que enfrenta y denuncia todo lo legado por la dictadura. El texto reaparece en un momento crucial en relación al respeto a los derechos fundamentales de la persona humana como trato ahora de exponer brevemente.

Comienzo por recordar que no fuimos capaces de derrotar a la dictadura de Pinochet. Y entonces, lo que se impuso – al igual que en el caso de Franco en España – fue un pacto entre determinadas fuerzas políticas y la dictadura. El compromiso para que el dictador y las FFAA dejaran formalmente de conducir el país fue al costo de muchos renuncios. Fundamentalmente, mantener la Constitución Política antidemocrática de 1980 – que continúa hasta hoy – y por cierto dejar intacto su modelo económico, político y social. El esquema impuesto por los militares y los Chicago Boys, pese a algunos cambios, en lo esencial es el mismo.

Pero además el compromiso fue no tocar al dictador ni con el pétalo de una rosa. Olvido y perdón sí. De justicia ni hablar. Se garantizaba la impunidad absoluta de los crímenes de lesa humanidad perpetrados por los agentes de la tiranía. De buena parte de ellos hablan las imágenes y las palabras de la obra que esta noche presentamos.

Esto que se ha llamado transición a la democracia aseguró la total impunidad por muchos años, demasiados. Hasta que el 12 de enero de 1998, hace 20 años, la Corte de Apelaciones de Santiago decidiera aceptar a trámite la querella encabezada por Gladys Marín. Fue la primera vez, y entonces el juez Juan Guzman abrió un proceso judicial que hoy suma más de Mil quinientos expedientes que llevan diversos jueces de dedicación especial. Se investiga desde entonces los casos de más de tres mil asesinados, de ellos más de mil desaparecidos y decenas de miles de prisioneros torturados salvajemente.

Falta mucho todavía, pero se demostró que se podía y hoy son cientos los criminales procesados y más de un centenar los condenados en prisión. En medio de presiones y dificultades de todo tipo, habíamos avanzado.

Pero llegó el actual gobierno estrechamente vinculado a lo que llaman “la familia militar ”. Y asoma el riesgo de la impunidad que se aprecia en ejemplos concretos:

Desde el regreso de Piñera al gobierno se comenzó a indultar a los criminales de la dictadura violando todas las normas jurídicas nacionales e internacionales suscritas y ratificadas por el Estado de Chile. Respecto de ese tipo de criminales no procede concederles beneficio carcelario alguno salvo que el condenado haya colaborado objetivamente al avance de la investigación judicial y que haya expresado un arrepentimiento real y eficaz.

Ninguno de los beneficiados por Piñera y su ministro de Justicia cumplen con los requisitos legales. Pero todavía más, con el visto bueno del Contralor General de la República se ha liberado por un año la obligación del trámite de “toma de razón” de los decretos de indulto a los asesinos de Punta Peuco. Es decir, se ha eximido a tales aberrantes actos de todo control de legalidad. Y veamos ¿ cuántas personas y organizaciones denuncian esta barbarie?

Pocos, pero entre ellos Miguel Lawner. Cuanta razón tiene Miguel, por ejemplo cuando hablando del itinerario de sus dibujos concluye diciendo : “ Mis dibujos contribuyen a restituír la memoria histórica, poniendo en su lugar a quienes se obstinan en transformar en víctimas a quienes son atroces victimarios”. Tiene razón. Cursamos por un momento muy peligroso.

El ministro Larraín, refiriéndose a otros hechos, diferentes y menores, dijo que hay quienes parecen regresar a la época de las cavernas. En verdad es su gobierno y quienes lo sustentan quienes actúan como cavernícolas. Era de esperarlo. No olvidemos que Piñera fue el principal orador en ese acto de apoyo a Pinochet cuando el dictador estaba preso en Londres. Tal vez lo hizo devolviéndole la mano por el apoyo recibido en dictadura cuando le salvaron de condena y prisión por su estafa al Banco de Talca en 1982.

Pero hay todavía otros hechos. Entre ellos agregar que, pese a lo logrado en materia judicial, eso no significa que nos parezca apropiada la penalidad que los jueces aplican en casos de crímenes espantosos. Todo lo contrario.

Hace unos días el notable músico Hans Stein resaltaba públicamente la dolorosa contradicción en que mientras al llamado “ rey de los portonazos “ por delitos comunes se le aplicaba presidio perpetuo calificado a los asesinos de Victor Jara y Litre Quiroga por delitos de lesa humanidad se les aplica una pena infinitamente menor.
Suponemos que los tribunales sabran distinguir entre la gravedad del robo de especies materiales y la del asesinato feroz de seres humanos. Y todos conocemos del increíble ensañamiento en la muerte de estos dos compañeros.

Hay más : este año los abogados de los criminales descubrieron otra manera de dificultar los procesos por causas de derechos humanos y comenzaron a denunciar supuestas infracciones constitucionales en las resoluciones del poder judicial para lo cual recurren al tribunal constitucional. Por supuesto todo es falso y no prosperan sus acciones. Pero, retardan por largo tiempo, meses o años, el curso de los procesos en contra de los autores, cómplices y encubridores
Otro ejemplo ha sido que la contundente interpelación que hiciera en el Parlamento nuestra querida compañera Carmen Hertz al ministro de Justicia por este tipo de hechos, tuviera un eco menor que el que debió ser. Muestra clara de una indolencia que contribuye a la impunidad. Las organizaciones sociales, con escasas excepciones, no asumen su responsabilidad en esta materia esencial.
La degradación del país y la conducta repudiable de los responsables de los crímenes de la dictadura se expresa todavía en otros ámbitos. El país es testigo de cómo nuestros institutos armados se siguen formando en la funesta doctrina de la llamada “seguridad nacional” que considera al pueblo como su enemigo. Ejemplo de ello es la presencia de la política norteamericana en el llamado Fuerte Aguayo en las cercanías de Con Con. Pero hay todavía más, porque en estas mismas Fuerzas Armadas, más Carabineros y ahora más la Policía de Investigaciones, se ha descubierto desfalcos, fraudes, saqueos, robos de dineros de todos los chilenos que suman muchísimos miles de millones.

Son escándalos que dejan al descubierto la grave corrupción, la podredumbre moral que les corroe. No podía ser de otro modo si el principal saqueador fue Pinochet, su amado líder, y su familia toda.
Igualmente es preciso tener presente respecto de la conducta de la clase social y el sector político que impulsaron el golpe del 73 y de cómo sus fraudes y saqueos están hoy siendo perdonados bajo el actual gobierno. Ejemplo claro de lo que afirmamos es el estado actual de casos como Penta y SQM y de cómo no sólo el fiscal Guerra, sino el propio Fiscal nacional amparan a los principales autores del delito.

En síntesis, no habrá cárcel para ninguno de los delincuentes autores de estos latrocinios, vistan de uniforme o de cuello y corbata.
El olvido voluntario, la indiferencia llega a extremos. Sólo puede ocurrir en un país como el nuestro en que hasta políticos supuestamente demócratas concurrieron el año pasado a rendir homenaje en el Senado nada menos que a Agustín Edwards, Eastman. Pero si es el mismo que en diciembre de 1970 impulsó la reunión sediciosa con Richard Nixon, Henry Kissinger y el jefe de la CIA, Richard Helms, como describen informes del propio Senado norteamericano y como consta en la causa rol N° 12 – 2013 que investiga hoy la judicatura chilena.

Estos pocos ejemplos a los que he aludido son sólo parte de lo que hoy sucede en materia de respeto y de irrespeto a los derechos humanos y de cómo actúan los protagonistas del 73. La ausencia de protestas ante estos hechos confirma nuestra preocupación por el apagón cultural impuesto por la dictadura.

La explicación a este fenómeno no es sólo el empleo de la fuerza bruta en aquellos años sino porque, además, el modelo dictatorial impuso por muchos años el fin de la educación pública gratuita y de calidad, que todavía no recuperamos a plenitud. Pesa también de modo categórico el velo oscurantista, diversionista, conque ocultan la verdad los medios de comunicación que responden a los mismos intereses que denunciamos y que además reciben financiamiento del Estado.

Lo dicho reafirma que el neoliberalismo es la forma más feroz y brutal del modelo impuesto por el capital financiero.
Pero lo dicho reafirma también lo oportuno que es el regreso de este libro tan especial, porque lo que entregan su texto y sus dibujos no sólo ratifica la denuncia por los crímenes de la derecha chilena y sus acólitos, sino que son al mismo tiempo un mensaje de esperanza en el sentido que es posible superar el terror y la indiferencia para abrir paso a la verdad y a la justicia y reinstalar el principio de que no ha de haber perdón ni olvido.

Miles de chilenas y chilenos que sufrieron terribles torturas supieron rearmar sus vidas y se reintegraron a la lucha por una sociedad más justa, por un mundo mejor. Así sucedió con quienes pasaron por Dawson, Ritoque, 3 Alamos.

El propio Miguel ya estaba acá a mediados de los 80 en tiempos de extraordinario peligro.

El libro y, más aun, la experiencia de vida de su autor, nos confirman que otro mundo es posible y que depende de cada uno y de todos nosotros. Será la unidad de acción en torno a un proyecto común el camino para que todo cambie para bien.

Porque, como dice su libro, es “la vida a pesar de todo”.

Gracias Miguel por este nuevo aporte.

CEILER