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Marcelo Urra

Bicentenario de la Batalla de Maipú

Iván Ljubetic Vargas, historiador del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren, CEILER

 

El 5 de abril de 1818 se libró la batalla de Maipú. Las tropas patriotas, al mando del general argentino José de San Martín, vencieron al ejército del rey de España. Con ella culminó el proceso de la Independencia de Chile, iniciado en forma vacilante y contradictoria en 1810.

Desarrollo de la Batalla

Poco antes del mediodía del 5 de abril de 1818, la artillería patriota dirigida por Manuel Blanco Encalada rompió fuego. Pronto el general San Martín se dio cuenta de que los realistas habían tomado una posición defensiva y decidió iniciar el ataque contra el centro y la derecha de las fuerzas realistas. La lucha prosiguió de manera encarnizada.

El general chileno Bernardo O’Higgins, convaleciente de una gran herida (producto de la derrota aliada en Cancha Rayada), se presentó poco antes de terminado el último ataque contra los realistas y entusiasmados por la victoria San Martín y O’Higgins se abrazaron victoriosos en una escena que dio origen a un cuadro, el histórico abrazo conocido como El abrazo de Maipú, donde O’Higgins le dice a San Martín ¡Gloria al salvador de Chile! y San Martín le responde General: Chile no olvidará jamás el nombre del ilustre inválido que el día de hoy se presentó al campo de batalla en ese estado”.

El Abrazo de Maipú (Obra de Pedro Subercaseaux)

Los patriotas perdieron un 35% de sus fuerzas entre muertos y heridos. Los realistas sufrieron más de 1.500 muertos y 2.000 prisioneros.

El Internacionalismo de los compatriotas

Los patriotas latinoamericanos del siglo XIX, que lucharon por liberar a sus países del colonialismo, fueron consecuentemente internacionalistas. Ahí están, entre otros, los ejemplos de Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, José de San Martín, Bernardo O’Higgins.

En la batalla de Rancagua, que había tenido lugar el 1 y 2 de octubre de 1814, cuando al segundo día de combates, los patriotas ya no podían resistir las embestidas de la fuerzas realistas muy superiores en número, O’Higgins ordenó a los sobrevivientes montar a caballo y se lanzaron por sobre las barricadas enemigas. Esas tropas, junto a numerosos otros patriotas emigraron a Mendoza, provincia de Cuyo, para preparar la revancha. Se iniciaba el período de la Reconquista española. En Chile, los guerrilleros de Manuel Rodríguez no dejaban tranquilos a los realistas. En Mendoza, con la inmensa solidaridad del general José de San Martín, gobernador de Cuyo, se organizó el Ejército Libertador, que en los primeros días de febrero de 1817, atravesó la cordillera de los Andes y el 12 de ese mes derrotó a las tropas del rey español en la batalla de Chacabuco. Pero en 1818 un nuevo y poderoso ejército del rey español invadió Chile. Ese fue derrotado en Maipú.

El triunfó en Maipú tuvo sus consecuencias

Hay historiadores que restan importancia al triunfo del proceso de la Independencia. Están equivocados.

Al romper el verdadero círculo de hierro que significaba el dominio colonialista, nuestro país pudo vender sus riquezas naturales (cobre y plata) a Inglaterra. Los fondos recibidos fueron buen utilizados en ampliar las minas, construir caminos, puentes, mejorar puertos, levantar fundiciones, talleres, fábricas, tender líneas ferroviarias. Surgieron así formas capitalistas de producción. Aparecieron dos nuevas clases sociales: la burguesía capitalista, propietaria de los medios de producción y la masa de desposeídos de esos medios que, para sobrevivir, debía vender su fuerza de trabajo. Era la clase obrera o proletariado.

Estos cambios económico-sociales, producidos a partir de los años veinte del siglo XIX, abrieron una nueva etapa en la historia de Chile, cuyo signo característico es el surgimiento y desarrollo de la clase obrera.

Lenin, un ejemplo de revolucionario

Iván Ljubetic Vargas, historiador del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren, CEILER

Hace 94 años, el 21 de enero de 1924, a las 18,50 horas, en el pueblo de Gorki, a10 kilómetros al sur de Moscú, dejó de latir el corazón de Vladimir Ilich Ulianov, Lenin. La causa de su fallecimiento fue un infarto cerebral.

Sus comienzos

Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, nació en la ciudad de Simbirk el 22 de abril de 1870. Su padre, Ilya, era profesor y llegó a ser director de la enseñanza primaria de la provincia de Simbirk. Su madre se llamaba María Blank.

Eran seis hermanos. El mayor de ellos, Alejandro, participó en un atentado terrorista contra el zar Alejandro III en marzo de 1887. El zar sobrevivió, pero los participantes en la acción fueron fusilados el 5 de mayo de ese año. Vladimir quería mucho a su hermano Alejandro. Su muerte significó un duro golpe para él. Pero expresó en esos terribles momentos: “Nosotros iremos por otro camino”.
Y así fue. El 4 de diciembre de 1887, Lenin encabezó, una huelga de estudiantes en la Universidad de Kazán. Cumplía los 17 años y ocho meses. Fue detenido, expulsado de la Universidad y relegado a la ciudad de Kokuchkino.

Se inicia en la lucha revolucionaria

En 1888 comenzó su labor revolucionaria. Tenía 18 años de edad. Se incorporó a un círculo marxista. Sufrió la persecución de la policía zarista. Lo detuvieron y enviaron a la cárcel y luego fue desterrado a Siberia Oriental entre 1896 y 1899. Allí conoció a quien sería su compañera de toda la vida Nadiezhda Krupskaia.

En 1900 salió al exilio. En el extranjero trabajó organizando el Partido y creando las condiciones para la fundación de un periódico revolucionario. El primer número de éste, con nombre Iskra (La Chispa), apareció el 24 de diciembre de 1900. Llegaba el Iskra a muchos puntos de Rusia, gracias a una red de agentes que el propio Lenin organizó antes de salir del país. Permaneció en Zurich (Suiza) y Munich (Alemania).

“¿Qué hacer?”

A fines de 1901 y comienzos de 1902 Lenin escribió “¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro movimiento”. Apareció en Stuttgart, a comienzos de marzo de 1902.

Tiene el siguiente epígrafe: “… La lucha interna da al partido fuerzas y vitalidad: la prueba más grande de la debilidad de un partido es la amorfía y la ausencia de fronteras bien delimitadas; el partido se fortalece depurándose…” (De una carta de Lasalle a Marx, 24 de junio de 1852).

Este libro desempeñó un papel relevante en la creación de un partido marxista revolucionario de la clase obrera de Rusia.
En 1902 – 1903 fue difundido ampliamente en las organizaciones socialdemócratas En Kiev, Moscú, Petersburgo, Nizhni Nóvgorod, Kazán, Odesa y otras ciudades.

“Un paso adelante, dos pasos atrás”

En 1903 organizo y tomó parte en el II Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR), que se efectuó entre el 17 julio al 10 de agosto de 1903, primero con sede en Bruselas (Bélgica) y luego en Londres. En su desarrollo se produjo la división entre mencheviques (corriente oportunista) y bolcheviques revolucionarios), estos últimos encabezados por Lenin. Ese año de 1903, es la fecha fundacional del Partido Comunista de Rusia.
En febrero-mayo de 1904, escribió Lenin su obra “Un paso adelante, dos pasos atrás (una crisis en nuestro Partido)” Este libro es uno de los tesoros del marxismo-leninismo. En él se refiere Lenin en detalle a los hechos ocurridos en el II Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR).

Sobre el artículo 1° de los Estatutos

Este Congreso aprobó un Programa revolucionario y los Estatutos elaborados por Lenin, con la sola excepción del punto o artículo primero, en que los oportunistas en cuestiones de organización lograron que se aprobara el proyecto formulado por Martov.
El punto uno de Martov señalaba: “Se considerará perteneciente al Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia a todo el que, aceptando su Programa, trabaje activamente para llevar a la práctica sus tareas bajo el control y dirección de los órganos del partido”.
Comenta Lenin: “La idea del artículo primero de Martov sólo aparece al plantearse la cuestión de si pueden los órganos del partido llevar a la práctica su dirección respecto a aquellos miembros del mismo que no forman parte de ninguna de las organizaciones del partido”.

La proposición del artículo primero de Lenin (que fue aprobado después en el III Congreso del POSDR realizado en 1905) señala: “Se considerará miembro del Partido todo el que acepte su Programa y apoye al Partido tanto con recursos materiales, como con su participación personal en una de las organizaciones del mismo”
Refiriéndose siempre al artículo primero de los Estatutos, Lenin escribió en la obra ya citada: “Cuanto más fuertes sean nuestras organizaciones del Partido, integradas por socialdemócratas efectivos, cuanto menos vacilación e inconstancia haya dentro del Partido, tanto más amplia y polifacética, tanto más rica y fructuosa será la influencia del Partido en los elementos de las masas obreras que lo rodean y que él dirige. Porque, en verdad, no se puede confundir al Partido como destacamento de vanguardia de la clase obrera con toda la clase” (Los subrayados son de Lenin).

Las tesis de abril

Entre noviembre de 1905 y enero de 1908 permaneció en la patria, donde actuó clandestinamente. Salió de nuevo al exilio. En Ginebra (Suiza) logró que se reanudara la publicación de Iskra.
El 15 de marzo de 1917 conoció la noticia de la Revolución Rusa de Febrero. A fines de marzo, junto con otros 31 bolcheviques, partieron desde Suiza hacia la patria. Llegaron a Rusia el 3 de abril de 1917. Al día siguiente elaboró sus “Tesis de Abril”, donde planteó la transformación de Revolución Democrático-burguesa en Socialista, a través de la conquista de los soviets. O sea, por una vía pacífica.

Pero en junio, el Gobierno Provisional de Kerenski desató una sangrienta represión contra los bolcheviques. Lenin debió ocultarse en Finlandia.

Desde Finlandia

En julio-agosto de 1917, el Sexto Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia aprobó la tesis de Lenin de la insurrección armada inmediata, pero eligió un Comité Central, en que la mayoría de sus miembros estaban contra esa línea.

En agosto de 1917, los bolcheviques conquistaron los soviets de Petrogrado y Moscú.

En septiembre, Lenin, escribió desde Finlandia varias cartas al Comité Central, exigiendo el cumplimiento de lo acordado en el Sexto Congreso. No recibió respuesta alguna sobre el tema, pero le ordenaron que, por “razones de seguridad” debiera permanecer en Finlandia.

Lenin seguía desde lejos los acontecimientos en un estado febril. El Comité Central no lo autorizaba retornar a Rusia por razones de seguridad.

Escribía cartas y documentos que enviaba al Comité Central, que ni siquiera eran discutidos. Cuando eran conocidos en las reuniones, no había pronunciamiento alguno.

Lenin insistía: “Los bolcheviques deben tomarse el poder”. “La demora se convierte absolutamente en un crimen” … “Hay que ir a la insurrección inmediatamente”.

No tenía respuesta alguna. También planteó la necesidad de retornar a San Petersburgo. El Comité Central se lo prohibió.

Retorno a Rusia

Lenin desobedeció la arbitraria orden del Comité Central. Arriesgando ser detenido por la policía de Kerenski, ayudado por Rahia, un fiel amigo, y otro bolchevique, cruzó clandestinamente la frontera, ingresando a Rusia el 2 de octubre.

Nadezda Krupskaia, su compañera, le buscó un refugio seguro, desde donde escribió varios documentos. En uno de ellos planteó: “La revolución está perdida si el gobierno de Kerensky no es derribado en el futuro próximo”.

Por fin se reunió con el Comité Central el 10 de octubre. Logró que se aprobara una nueva resolución sobre la insurrección armada, pero sin especificar fecha ni detalles.

Comprendió que debía recurrir a las bases del Partido.

Con ese fin participó en una Conferencia del Comité Central con representantes de las organizaciones bolcheviques de San Petersburgo. Asistieron 24 dirigentes, de los cuales sólo 9 eran del Comité Central.

La Conferencia aprobó la preparación inmediata de la insurrección por 19 votos, contra 2 y 3 abstenciones.

El 21 de octubre se reunió con los dirigentes de San Petersburgo. Allí planteó: “la insurrección debe llevarse a cabo el 25; el 24 sería prematuro y el 26 muy tarde”.

La genialidad de un líder

En el Instituto Smolny se vivían horas agitadas. Ahí estaba el centro revolucionario. Lenin planteó al Comité Central la necesidad de estar allí presente. Se lo prohibieron. Al caer la noche del 24 de octubre, Lenin decidió trasladarse clandestinamente al Smolny y tomar en sus manos la dirección de la insurrección, cumpliendo la resolución del Sexto Congreso del Partido.

Disfrazado y acompañado del camarada Rahia, luego de caminar varias horas, llegó poco antes de la medianoche al Smolny. No se dirigió a la sala donde sesionaba el Comité Central. Envió a Rahia a buscar a Stalin. Ambos se reunieron en una sala vacía y pusieron en marcha a las fuerzas insurreccionales que tenía listas el Comité Militar Revolucionario, pero que no se atrevía a lanzar todavía a la toma del poder.

Lenin convocó a los jefes militares de fábricas y regimientos. Decenas de motociclistas se lanzaron hacia los suburbios…
A partir de la una de la madrugada del 25 de octubre, destacamentos de soldados salieron de los cuarteles; grupos de obreros armados abandonaron las fábricas. Iban a apoderarse de los puentes, las estaciones ferroviarias, los edificios públicos…

“La revolución se ha realizado…”

Eran los 14 y 35 minutos del 25 de octubre de 1917. Se inició la sesión extraordinaria del Soviet de San Petersburgo. Presidía León Trotski, que anunció a Lenin. Cuando la tempestuosa ovación se calmó, éste dijo: “Camaradas: la revolución obrera y campesina, de cuya necesidad han hablado los bolcheviques, se ha realizado.
A las 22,45 de ese mismo día 25 de octubre, se inició el Segundo Congreso de los Soviets de toda Rusia. Hubo acaloradas discusiones. Se eligió un nuevo comité ejecutivo para reemplazar al elegido en el Primer Congreso, efectuado en junio, en que tenían mayoría los eseristas (social-revolucionarios) y los mencheviques. Ahora ganaron los bolcheviques. Obtuvieron 14 miembros del consejo contra 11.

Eran los 3 y 10 minutos de la madrugada del 26 de octubre, cuando el presidente del Congreso anunció que el Palacio de Invierno acababa de ser tomado por los revolucionarios.

Había triunfado la revolución socialista en Rusia. Según el moderno calendario, esa gloriosa fecha corresponde al 7 de noviembre de 1917.

A la cabeza del Primer Estado Socialista

En medio de difíciles condiciones, el Gobierno de obreros y campesinos, dirigido por Lenin logró vencer la contrarrevolución interna y la intervención de 14 países.

El Séptimo Congreso, 26 de marzo de 1918, cambió el nombre del partido por Partido Comunista de Rusia, reconociendo en 1903 como su año de fundación.

El viernes 30 de agosto de 1918, Lenin habló en un mitin en una fábrica de Moscú. Finalizado el acto se dirigió al auto que lo esperaba para conducirlo a la reunión del Consejo de Comisarios del Pueblo, que debía iniciarse a las 21 horas. Caminaba rodeado por una multitud. De pronto una mujer -miembro de un grupo terrorista de los eseristas- le disparó tres balazos, dos de los cuales lo hirieron gravemente. Una le penetró en el tórax comprometiendo la parte superior del pulmón izquierdo; la otra, se le alojó en el cuello muy cerca de la espina dorsal.

Se recuperó. El 18 de septiembre participó en la reunión del Consejo de Comisarios del Pueblo. Pero su salud comenzó a empeorar.
Desde 1922 la salud de Lenin era muy precaria. El intolerable estrés de encabezar la revolución, la guerra civil y la construcción de una nueva sociedad, le afectó seriamente. A esto hay agregar las secuelas del atentado de 1918, pues debió vivir con una bala en el cuello, peligrosamente cerca de la espina dorsal.

Gravemente enfermo

En mayo de 1922, sufrió un primer infarto cerebral, que lo dejó parcialmente paralizado en su lado derecho. Debió disminuir su papel en el Gobierno.

En diciembre de 1922, le sobrevino un segundo infarto. A pesar de ello, siguió trabajando teóricamente. Lo hizo hasta febrero de 1923.
Durante este período dictó una serie de importantes artículos que se conocen como su “testamento político”. En estos trató diferentes temas como el de la dirección colectiva en el Partido. En uno, dictado el 24 de diciembre de 1922, advertía sobre los peligros que involucraría poner a la cabeza del Partido y del gobierno soviético a Stalin o Trotski.

En mayo de 1923, luego de tener el tercer infarto, quedó postrado en cama, imposibilitado de hablar.

La herencia teórica leninista

En los 35 años de labor teórica y práctica, entre 1888 y 1923, Lenin escribió más de 30 mil libros, folletos, cartas y documentos. Unos 9 mil de ellos figuran en los 55 tomos de su Obras Completas, editadas entre 1958 y 1965.

Citamos sólo algunas de sus obras: “Sobre la cuestión de los mercados” (1893),

“El desarrollo del capitalismo en Rusia” (1899), “Anarquismo y socialismo” (1901),

“¿Qué hacer?” (1902),

“Las tareas de la juventud revolucionaria” (1903),

“Un paso adelante, dos atrás” (1904),

“Dos tácticas de la socialdemocracia en la Revolución Democrática” (1905),

“Materialismo y empiriocriticismo” (1908),

“Carlos Marx” (1914),

“La quiebra de la Segunda Internacional” (1915),

“El imperialismo, etapa superior del capitalismo” (1915),

“El programa militar de la revolución proletaria” (1916),

“El Estado y la Revolución” (1917),

“La revolución proletaria y el renegado Kautsky” (1918),

“La Tercera Internacional y su lugar en la historia” (1919),

“El ‘izquierdismo’ enfermedad infantil del comunismo” (1920),

“La crisis del Partido” (1921),

“Carta al Congreso” (1922),

“Sobre las Cooperativas” (1923),

“Nuestra Revolución” (1923),

“Más vale poco y bueno” (1923).

Lenin el dirigente

Quienes militaron y trabajaron con él coinciden en señalar varias cualidades del líder ruso.

A Lenin siempre le eran propios el realismo político y la capacidad de apreciar objetivamente la situación, ver todas las posibilidades que se ofrecían en tal o cual momento. El realismo político de Lenin permitía evitar el falso optimismo o pesimismo en los bruscos virajes de la historia. Al sufrir derrotas no se dejaba llevar por el pesimismo e infundía confianza en los otros. Sabía extraer lecciones hasta de las batallas perdidas.

En base al análisis científico de la realidad, Lenin elaboraba planes audaces de construcción de una nueva sociedad. Una gran eficacia caracterizaba también su actividad como estadista. Determinaba con extraordinaria rapidez las tareas más importantes del momento, pero no olvidaba las secundarias.

Lenin consideraba de enorme trascendencia la oportuna reacción del Partido ante los cambios de la situación política.

El estilo leninista de trabajo y la propia personalidad de Lenin ha dejado una profunda huella en la conciencia de la humanidad y en la cultura.

Lenin, el ser humano

Todos los que conocieron de cerca a Lenin destacan su excepcional modestia en los asuntos concernientes a su persona. Después de ser herido en agosto de 1918 criticó el tono de las publicaciones aparecidas en los periódicos. Escribió: “Soy como los demás… Toda la vida luchamos, en el plano ideológico, contra la admiración excesiva de las virtudes de una sola persona, resolvimos ya hace mucho la cuestión de los héroes, ¡y he aquí otra vez el culto a la personalidad!”
El modo de vida de Lenin no se diferenciaba de la vida espartana de sus contemporáneos.

“Lenin compartía todas las privaciones de aquellos días cuando escaseaba el combustible, las viviendas y hasta los alimentos”, recuerda G. Lausbury, uno de los dirigentes del partido laborista inglés que visitó la Rusia soviética.

Lenin siempre se preocupaba de los demás. A pesar de sus muchas actividades diarias como estadista, encontraba tiempo para escribir centenares de recados, dar órdenes verbales para ayudar a unos y otros camaradas, de mandarles a descansar, a curarse, de proporcionarles viviendas, etc.

Lenin odiaba a las clases explotadoras, pero no tenía enemigos personales.

El heroísmo de Lenin

Máximo Gorki, el gran intelectual ruso, tiene una obra llamada “Lenin en 1922”. En ella escribió:

“Su heroísmo, casi enteramente desprovisto de relumbrón exterior, la abnegación modesta, ascética, frecuente en el intelectual ruso, en el revolucionario que cree sinceramente en la posibilidad de la justicia sobre la tierra; era el heroísmo del hombre que ha renunciado a todas las alegrías del universo para trabajar duramente por la felicidad de los hombres… Cuando murió Lenin, reconocieron lealmente hasta sus más encarnizados enemigos que con él había perdido el mundo al hombre ‘que era la más viva encarnación del genio entre los grandes hombres contemporáneos’.

“Para mí, Lenin, es un héroe de leyenda; es un hombre que ha arrancado de su pecho el corazón ardiente para alumbrar con su llama el camino que conducirá a los hombres lejos del abyecto caos contemporáneo.”

Fidel Castro Ruz

Iván Ljubetic Vargas, historiador del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren, CEILER

Fidel Castro nació en el poblado de Birán, en Mayarí, en la antigua provincia de Oriente, el 13 de agosto de 1926. En 1934 ingresó en el colegio salesiano y en 1939 al Colegio de Dolores, de los jesuítas. Ambos en Santiago de Cuba.

En 1942 estudió en el Colegio de Belén de La Habana, Finalizó el bachillerato en junio de 1945.

Sus inicios en la política

Ingresó en la Universidad de La Habana el 4 de septiembre de 1945. Se matriculó en tres carreras Derecho, Derecho Diplomático y Ciencias Sociales.

Sus primeros pasos en la política fueron en el ámbito estrictamente universitario. Fue elegido delegado de curso y llegó a recibir amenazas de muerte al enfrentarse a un candidato de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) apoyado por el gobierno de Ramón Grau San Martín.

Contra el Dictador Trujillo

En 1947, con 21 años, como presidente del Comité Pro Democracia Dominicana de la FEU, promovió acciones por la destitución del dictador dominicano Rafael Trujillo, y formó parte de la Invasión de Cayo Confites, con el objetivo de derrocarlo. Al ser interceptados en la Bahía de Nipe al intentar alcanzar suelo dominicano, se lanzó al agua y escapó a nado hasta Cayo Saetía.

Testigo del “Bogotazo”

En 1948 fue enviado a Colombia como delegado de la FEU a la IX Conferencia Interamericana; estaba citado para encontrarse con el candidato a presidente Jorge Eliécer Gaitán la misma tarde en que éste fue asesinado. Este crimen fue la chispa que produjo el levantamiento popular conocido como el «Bogotazo». En él participó Fidel.

Simpatizante del Partido Ortodoxo

En 1950 obtuvo su diploma en leyes. En junio de 1952 el Partido Ortodoxo lo presentó, en calidad de independiente, como candidato a la Cámara de Representantes del Congreso cubano por una circunscripción de La Habana. El golpe de estado de Fulgencio Batista derrocó al gobierno de Carlos Prío Socarrás y anuló las elecciones.

Por entonces, su hermano Raúl era militante de la Juventud Comunista de Cuba.

Enfrentando a Batista

En marzo de 1952, Fidel Castro denunció a Batista ante un Tribunal de Urgencia por violar la constitución. Argumentó: “Si existen tribunales, Batista debe ser castigado, y si Batista no es castigado… ¿Cómo podrá después este tribunal juzgar a un ciudadano cualquiera por sedición o rebeldía contra este régimen ilegal producto de la traición impune?”

Por la vía armada

Los tribunales rechazaron la demanda. Entonces, Fidel Castro entendió que el único camino era el revolucionario, inspirado ya por Marx, Lenin y Martí. También, que en el caso de Cuba se legitimaba la lucha armada como única vía posible para derrocar la dictadura. Fidel organizó y llevó a cabo el ataque armado contra los cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo ambos en la provincia de Oriente el 26 de julio de 1953.
Fracasaron ambas acciones. Muchos de los participantes fueron asesinados. Algunos enviados a la cárcel. Entre estos estaban Fidel y su hermano. Luego de 22 meses de prisión fueron liberados, gracias a la amnistía general de mayo de 1955. Meses después, Fidel se exilió en Estados Unidos y después en México.

Llegan a Cuba en el Granma

Fidel y otros 82 miembros del denominado Movimiento 26 de Julio llegaron a Cuba el 2 de diciembre de 1956 a bordo del yate Granma con la intención de invadir la isla. El desembarco debía ejecutarse de forma sincronizada con un grupo de miembros de la organización, encabezado por Frank País, que trataría de tomar Santiago de Cuba.

Se inicia la Guerra de Guerrillas

Sin embargo, la acción fracasó al retrasarse dos días el desembarco. Ya alertado, el ejército se desplegó en la zona a la espera de los expedicionarios. A los pocos días del desembarque son sorprendidos en Alegría del Pío. Los pocos sobrevivientes (entre ellos, Ernesto Che Guevara, Raúl Castro, Juan Almeida y Camilo Cienfuegos) se retiraron a la Sierra Maestra, desde donde empezaron una guerra de guerrillas contra el gobierno de Batista. Los revolucionarios llegaron a contar con más de 800 combatientes frente a los más de 70.000 soldados de Batista.

Sorprendentes victorias

Fidel Castro, comandante de la expedición, fue nombrando progresivamente como comandantes al Che, Raúl Castro, Camilo Cienfuegos, Almeida y algunos otros, ocupando él desde aquella época la graduación de «comandante jefe» (lo que evolucionó hasta «comandante en jefe»).

El 24 de mayo de 1958 Batista envió diecisiete batallones contra los rebeldes en la “Operación Verano”, pero los revolucionarios lograron una serie de sorprendentes victorias.

Triunfa la Revolución

El 1 de enero de 1959 huyó Batista y se proclamó el triunfo de la revolución.

Fidel Castro hace su entrada triunfal en La Habana el 8 de enero, donde dice: “La tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil”.

La operación verdad

Desde los primeros días se comenzaron a juzgar en tribunales revolucionarios a quienes cometieron crímenes durante la dictadura de Batista.

Ante las duras críticas por parte de los medios de comunicación internacionales, que acusaban a estos tribunales, entre otras cosas, de condenar por motivos políticos, surgió la llamada Operación Verdad. Constó de tres actos fundamentales: la creación de la agencia cubana de noticias Prensa Latina, una concentración de alrededor de un millón de ciudadanos en apoyo a las medidas, con la presencia de 380 periodistas de Estados Unidos y Latinoamérica el día 21 de enero de 1959 ante el Palacio Presidencial de la Habana y la celebración de una rueda de prensa al día siguiente en el hotel Habana Riviera para que la prensa internacional plantease preguntas a Castro.

El 23 de enero de 1959 viajó a la capital de Venezuela. Pronunció un discurso en el acto central de conmemoración del primer aniversario del derrocamiento de Pérez Jiménez.

Al día siguiente fue recibido en el congreso venezolano. También visitó la Universidad Central, con la presencia del poeta chileno Pablo Neruda. El día 24 se reúne con el recién elegido presidente Rómulo Betancourt.

Fidel Castro Primer Ministro de Cuba

Fidel Castro firma como Primer Ministro de Cuba el 16 de febrero de 1959

Fidel Castro fue nombrado primer ministro el 16 de febrero de 1959 y electo presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba el 3 de diciembre de 1976, cargos que ocupó hasta el 24 de febrero de 2008.

Viaja a Estados Unidos

Entre el 15 y el 27 de abril realizó un viaje de buena voluntad a los Estados Unidos en visita no oficial, a invitación de la Asociación Americana de Editores de Periódicos. El 19 de abril se entrevista con el vicepresidente estadounidense Richard Nixon en su despacho del Capitolio (el presidente Eisenhower se excusó por no recibirlo, aduciendo una partida de golf). Durante su estancia en la ciudad de Washington realizó diversos homenajes visitando los monumentos a George Washington, Thomas Jefferson, Abraham Lincoln y la tumba del soldado desconocido en el Cementerio Nacional de Arlington.
Llegó a Nueva York el día 21 donde se entrevistó brevemente con el Secretario General de Naciones Unidas, Dag Hammarskjöld, además de realizar un multitudinario mitin en Central Park el día 24. Finalizó su viaje con una visita a Houston (Texas).

Visita Argentina, Uruguay, Canadá y Brasil

El 2 de mayo de 1959 viajó a Buenos Aires Argentina, donde pronunció un discurso en el Consejo Económico de los 21 donde propone la creación de un mercado único latinoamericano.
También visita brevemente Uruguay, Canadá y Brasil.

Positivas medidas

El 17 de mayo se decretó la primera Ley de Reforma Agraria, firmada en Sierra Maestra, que confiscó todas las propiedades de más de 420 hectáreas de extensión. De forma simbólica, la primera propiedad expropiada fue la de su propia familia. Además, fundó organismos de nuevo tipo como el Instituto Nacional de Reforma Agraria (del cual fue su primer presidente) e instituciones culturales como la Imprenta Nacional de Cuba (fundada el 31 de marzo) y el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (creado el 24 de marzo).

Renuncia el Presidente Urrutia

A mediados de julio de 1959 dimitió del cargo de Primer Ministro argumentando que sus diferencias con el presidente Urrutia ponían en peligro el proceso revolucionario. Esto motivó una masiva exigencia popular para que se reincorporara al cargo, forzando la renuncia del presidente Urrutia el 17 de julio. El nuevo presidente de la República, Osvaldo Dorticós, lo vuelve a nombrar Primer Ministro el 26 de julio.

Primeras tensiones con Estados Unidos

La aprobación de la primera Ley de Reforma Agraria afectó seriamente intereses de propietarios cubanos y de estadounidenses. Desde finales de octubre de 1959 el presidente estadounidense Dwight Eisenhower aprueba diversas medidas propuestas por el Departamento de Estado y la CIA para emprender acciones encubiertas contra Cuba, que incluyen ataques piratas aéreos y navales, y la promoción y apoyo directo a las organizaciones contrarrevolucionarias dentro de Cuba. También se establece como objetivo la eliminación física de Castro.

Muere Camilo Cienfuegos

El 28 de octubre de 1959 falleció Camilo Cienfuegos en un accidente aéreo al regresar a la capital desde Camagüey, tras el encarcelamiento del Comandante Huber Matos (jefe del regimiento militar de la provincia) y que había participado en un levantamiento contrarrevolucionario.

Convenios con la Unión Soviética

En febrero de 1960 el vice primer ministro soviético Anastás Mikoyán visitó Cuba y la URSS concedió un crédito de cien millones de dólares. Además se firmaron tratados para la compra de azúcar y la venta de petróleo. En esa época los cubanos reciben la visita de los filósofos franceses Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir.

La explosión del “Le Coubre”

El 4 de marzo de 1960 se produjo en La Habana la explosión del vapor francés “La Coubre”, que transportaba armas para Cuba. El sabotaje provocó una doble explosión con un saldo de ciento un muertos y más de doscientos heridos. Al día siguiente, en el sepelio de las víctimas, Fidel Castro pronunció por primera vez la consigna con la que su finalizaba sus discursos:

“Y sin inmutarnos por las amenazas, sin inmutarnos por las maniobras, recordando que un día nosotros fuimos 12 hombres solamente y que, comparada aquella fuerza nuestra con la fuerza de la tiranía, nuestra fuerza era tan pequeña y tan insignificante, que nadie habría creído posible resistir; sin embargo, nosotros creíamos que resistíamos entonces, como creemos hoy que resistimos a cualquier agresión. Y no sólo que sabremos resistir cualquier agresión, sino que sabremos vencer cualquier agresión, y que nuevamente no tendríamos otra disyuntiva que aquella con que iniciamos la lucha revolucionaria: la de la libertad o la muerte. Sólo que ahora libertad quiere decir algo más todavía: libertad quiere decir patria. Y la disyuntiva nuestra sería «patria o muerte»”.

Se reanudan las relaciones con la URSS

Tras el atentado, el gobierno cubano, que acusó de los hechos a EE. UU., afirmó que comprará armas a quien se las venda. El 17 de marzo de 1960, el presidente Eisenhower ordenó la preparación de hombres para invadir la isla.

El 8 de mayo se reanudaron las relaciones diplomáticas con la URSS, interrumpidas por Batista en 1952.

Se agudizan los problemas con USA

El 29 de junio de 1960, el gobierno cubano confiscó las refinerías de Texas Oil Company, Shell y Esso, luego de negarse a procesar el petróleo soviético. El 6 de julio, el presidente de Estados Unidos decretó la rebaja de 700 000 toneladas de azúcar de la cuota cubana en el mercado de ese país. Dos días más tarde, el senado estadounidense facultó al presidente Eisenhower para suspender todo tipo de ayuda a países que confiscaran propiedades estadounidenses. Como reacción, el Consejo de Ministros cubano acordó otorgar poderes al presidente de la República y al primer ministro para confiscar las propiedades estadounidenses. El 6 de agosto, en el estadio del Cerro (hoy Latinoamericano), Castro anunció la confiscación de gran número de empresas estadounidenses, incluyendo las refinerías de petróleo, 36 centrales azucareros y las compañías de teléfonos y electricidad.

Acude a la Asamblea General de la ONU

Fidel en la ONU en septiembre de 1960

El 18 de septiembre de 1960, Fidel viajó a Nueva York para acudir al XV periodo de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas. Al día siguiente, la dirección del hotel Shelbourne (en el que se alojaba la delegación cubana) notificó a Fidel Castro que deben abandonar ese establecimiento. Entonces la delegación cubana aceptó el ofrecimiento del propietario del Hotel Theresa, en el barrio neoyorquino de Harlem. En él, recibió al presidente soviético Nikita Jrushchov, al presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, al primer ministro indio Jawaharlal Nehru y al dirigente negro Malcolm X.

Jrushchov, al ser preguntado sobre si Castro era comunista respondió: «No sé si Fidel es comunista, pero yo soy “fidelista”».

Fidel Castro y Nikita Jrushchov

Surgen los Comités de Defensa de la Revolución

El 28 de septiembre, Fidel Castro propuso constituir un sistema de vigilancia colectiva revolucionaria, ante una multitud reunido en la Plaza de la Revolución. Así surgieron los Comités de Defensa de la Revolución, que tendrían la misión de detectar y denunciar a los enemigos de la Revolución.

Estados Unidos rompe relaciones con Cuba

El 15 de octubre Castro dispuso la confiscación de la propiedad urbana, medida que afectó a intereses estadounidenses, y cuatro días después Washington respondió prohibiendo las exportaciones a la isla, salvo ciertos alimentos, medicinas y suministros médicos. Al embargo se añadió el boicot total cuando el 16 de diciembre Eisenhower redujo a cero la cuota azucarera. Finalmente, el 3 de enero de 1961 Estados Unidos rompió las relaciones diplomáticas con Cuba.

Fidel define como socialista la Revolución Cubana

En enero de 1961 comenzó el mandato presidencial de John Fitzgerald Kennedy, que heredó de la administración anterior los planes de invasión. En este mes, en Cuba se inició la Campaña Nacional de Alfabetización, con el fin de erradicar el analfabetismo, que afectaba a cerca de un millón de personas en Cuba.
El 15 de abril ocho aviones estadounidenses A-26 Invader (con insignias cubanas) bombardearon los aeropuertos militares de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y el Antonio Maceo de Santiago de Cuba. El día siguiente, en el sepelio por las víctimas del bombardeo, Fidel definió como socialista el proceso revolucionario y, ante la inminencia de la invasión, afirmó:

“Eso es lo que no pueden perdonarnos, que estemos ahí en sus narices ¡y que hayamos hecho una Revolución socialista en las propias narices de Estados Unidos!”

Playa Girón

La madrugada del 17 de abril desembarcaron en Playa Girón y Playa Larga (en la Bahía de Cochinos) una expedición de alrededor de 1500 hombres de la denominada «brigada 2506» escoltados por sus buques.

Encontraron una escasa resistencia. Horas después paracaidistas fueron transportados tierra adentro para ampliar la zona invadida. El grupo había sido reclutado entre latinos, mayoritariamente cubanos, y entrenados en Nicaragua por la CIA. La expedición partió desde Guatemala, lo que sirvió a la diplomacia estadounidense para negar cualquier conocimiento del asunto en Naciones Unidas, aunque posteriormente Kennedy reconoció la participación de su gobierno.

El día 18 se produce la contraofensiva de las fuerzas cubanas dirigidas por Fidel Castro en el propio escenario de los hechos. La invasión fracasó 72 horas después de haber comenzado. Fueron apresados 1197 gusanos, que serían juzgados y devueltos a EE. UU., a cambio de una indemnización en medicinas y alimentos (lo que se conoció popularmente como «compotas por mercenarios»).

Fidel se autodefine como  Marxista- Leninista

El 30 de noviembre, Kennedy autorizó la Operación Mangosta, un programa de guerra subversiva, que comprendía acciones de guerra económica, de inteligencia, de guerra psicológica, de apoyo a grupos armados, y de apoyo a organizaciones políticas contrarrevolucionarias.

El 2 de diciembre de 1961, en un mensaje televisado en cadena nacional Fidel anunció a Cuba y al mundo: “con entera satisfacción y con entera confianza soy marxista-leninista y seré marxista-leninista hasta el último día de mi vida”.

La Santa Alianza: El Papa, la OEA y el Imperialismo

El 3 de enero de 1962 es excomulgado por el Papa Juan XXIII, en aplicación del decreto de 1949 de Pío XII que estableció dicha pena para los católicos que difundieran el comunismo o apoyaran a gobiernos comunistas.

El 31 de enero de ese año, en la Octava Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, celebrada en Punta del Este (Uruguay), se aprobaron una serie de resoluciones por las que se declaraba la incompatibilidad entre el carácter marxista-leninista del gobierno cubano con su pertenencia al Sistema Interamericano. El 4 de febrero, como respuesta a la expulsión de la OEA, Fidel proclamó la Segunda Declaración de la Habana en la Plaza de la Revolución. El texto, que analizaba el efecto del colonialismo y el imperialismo sobre América Latina, acusaba a la OEA de ser «un ministerio de colonias yanquis».

El 7 de febrero, Estados Unidos impuso sobre Cuba el embargo comercial, económico y financiero.

La crisis de los misiles

La URSS apoyó al gobierno revolucionario encabezado por Fidel Castro. Para defenderla de un posible ataque imperialista, el líder soviético Nikita Jrushchov y su gobierno decidieron la instalación de bases de misiles, con capacidad para alcanzar a los EE.UU. y dispuestos para llevar cabezas nucleares. El gobierno cubano, ante la posible existencia de un plan para la invasión directa de los EE.UU. tras la fallida invasión mercenaria, aceptó el emplazamiento a pesar de su inicial oposición a que el acuerdo fuese secreto.

La instalación fue descubierta por las fotografías de un avión espía estadounidense. Kennedy ordenó establecer una cuarentena y un cerco alrededor de la isla, desplegándose barcos y aviones de guerra estadounidenses. Jrushchov dirigió un mensaje a Kennedy el 24 de octubre: «…la URSS ve el bloqueo como una agresión y no instruirá a los barcos que se desvíen».

El gobierno cubano exigía el cumplimiento de 5 puntos para la retirada de los misiles: el fin del bloqueo, el fin de los ataques piratas, el fin de la guerra sucia, el fin de los planes subversivos y la retirada estadounidense de la Base Naval de Guantánamo.

Jrushchov propuso a Kennedy el desmantelamiento de las bases soviéticas de misiles nucleares en Cuba, a cambio de la garantía de que EE.UU. no invadiría a Cuba ni apoyaría operaciones con ese fin, y del desmantelamiento de las bases de misiles nucleares estadounidenses en Turquía, condiciones que Kennedy aceptó. Castro se sintió molesto por no tenerse en cuenta la opinión de Cuba en las negociaciones.

Fidel visita Chile

Uno de los hitos más relevantes durante el gobierno de la Unidad Popular fue la visita del líder de la revolución cubana, Fidel Castro que aterrizó en Antofagasta el 10 de noviembre de 1971. Durante la visita, que se extendió por tres semanas, se establecieron las bases de cooperación mutua entre los procesos políticos liderados por Salvador Allende y Fidel Castro, la que a mediano plazo sería decisiva para el progreso del socialismo en Chile.

Durante los 23 días que Castro permaneció en Chile, recorrió Antofagasta, Santa Cruz, Santiago y Puerto Montt entre otras ciudades, visitó fábricas, minas de extracción de cobre como Chuquicamata, la mina de carbón en Lota, la salitrera Santa Elena y diversos centros universitarios, siendo el más emblemático su encuentro con jóvenes militantes en la Universidad de Concepción.
En cada ciudad lo esperaban masivas concentraciones de personas, lo que culminó el 2 de diciembre en su discurso de despedida en el Estadio Nacional de Santiago.

Armando Cardoso acompañó a Fidel Castro en gran parte de su recorrido, retratando con su cámara los encuentros y actos políticos que realizaba.

Fidel Castro y Salvador Allende en La Moneda, noviembre de 1971

En la ONU y con Juan Pablo II

En octubre de 1995, Fidel participó en las celebraciones por el 50 aniversario de la ONU en Nueva York, pronunciando un discurso ante la Asamblea General. En enero de 1998 recibió al Papa Juan Pablo II en La Habana.

Un desmayo y su opinión sobre Raúl

El 23 de junio de 2001 sufrió un desmayo al pronunciar un discurso en La Habana. Posteriormente declaró: «Realmente después de mí, (Raúl) es el que tiene más experiencia, más conocimiento. Quizás no se le conozca bien. Yo lo conozco bien no sólo por razones familiares, sino por la guerra, por su diario, por sus detalles, su meticulosidad, su honradez».

Agregó que si repentinamente sufriese «un infarto, un derrame, una muerte súbita, digamos un choque, o aquella gente (haciendo referencia a grupos anticastristas) usa un rayo láser o ultravioleta o no sé de qué cosa y me ponen a dormir para toda la eternidad, entonces ¿quién es la persona con más autoridad y más experiencia?: Raúl».

Una vez más EE.UU.

Oliver Stone realizó en 2003 el documental Comandante, una biografía intimista de Fidel Castro. Posteriormente denunció presiones del gobierno de Estados Unidos para impedir la exhibición de esa película en ese país.

En una carta dirigida al presidente de EE. UU. George W. Bush, Fidel Castro expresó:

“Puesto que usted ha decidido que nuestra suerte está echada, tengo el placer de despedirme como los gladiadores romanos que iban a combatir en el circo: «Salve, César, los que van a morir te saludan». Sólo lamento que no podría siquiera verle la cara, porque en ese caso usted estaría a miles de kilómetros de distancia, y yo estaré en la primera línea para morir combatiendo en defensa de mi patria.

Fidel Castro”.

Fidel Castro y Hugo Chávez

Tuvo una gran amistad con el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, con quien firmó numerosos convenios de cooperación entre ambos países. El más destacado fue el conocido como ALBA (Alternativa Bolivariana para América).

Hugo Chávez y Fidel Castro en Venezuela, febrero de 1989

Fidel Castro y Nelson Mandela

“Una cosa antes de hablar nada nada”, le dice Mandela de pie a un Fidel Castro sentado. “Antes de hablar absolutamente de cualquier tema me tiene que decir cuándo viene para Sudáfrica. Nos han visitado una gran cantidad de personas y nuestro amigo, Cuba, que nos ayudó a entrenar a nuestra gente, que nos dio recursos, que nos ayudaron tanto en nuestra lucha, que entrenó a nuestros combatientes, a nuestros médicos… Cuba no ha venido a visitarnos, usted no ha ido a visitarnos. ¿Cuándo va a venir?”.

“No he visitado a mi patria sudafricana”, reconoce Castro. “La quiero como a una patria. La quiero como te quiero a ti”.

Fidel Castro y Nelson Mandela en Cuba en 1991

Fidel Castro y Nestor Kirchner

Invitado especial para la asunción de Kirchner, Fidel no perdió la oportunidad de mantener un encuentro cara a cara con los argentinos, con un contundente discurso que cerró con la explicación, ante miles de estudiantes y militantes, de que “Un mundo mejor es posible”, convirtiendo aquella, en una noche histórica.

Néstor Kirchner y Fidel en Buenos Aires, mayo de 2003

“No se alcanza el cielo en un día, pero créanme no lo digo por halagar, y trato de decirlo con el mayor cuidado, que ustedes han asestado un descomunal golpe a un símbolo, y eso tiene un enorme valor, y se ha producido, precisamente, en este momento crítico, de crisis económica internacional, donde están envueltos todos; ya no es una crisis en el sudeste asiático, es una crisis en el mundo, más amenazas de guerra, más las consecuencias de una enorme deuda, más el fatalismo de que el dinero escape”, expresó el líder de la Revolución cubana.

Raúl Castro, Presidente de Cuba

Fidel se retira del poder en 2008 por problemas de salud.
Raúl Castro asumió el 31 de julio de 2006 en forma interina como presidente del Consejo de Estado de Cuba y del Consejo de Ministros, por tanto, como presidente de Cuba. Desde el 24 de febrero de 2008 desempeñó esos cargos de manera oficial. Desde abril de 2011, es el primer secretario del Partido Comunista de Cuba, sustituyendo también a su hermano Fidel en dicho cargo.

Raúl, Lula y Fidel Castro

En enero de 2013, el ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva visitó al ex gobernante de Cuba Fidel Castro y su hermano, el actual mandatario de ese país, Raúl Castro.

En su discurso en la III Conferencia Internacional “Por el equilibrio del mundo”, iniciada el lunes, el ex presidente brasileño abogó por una integración latinoamericana de nuevo tipo y rechazó el bloqueo que aplica Estados Unidos contra Cuba hace más de 50 años.

Ingresa a la inmortalidad en noviembre de 2016

La inmensa humanidad, sorprendida y con enorme tristeza, conoció la noticia de parte de su hermano, el presidente cubano Raúl Castro: “Con profundo dolor comparezco para informarle a nuestro pueblo, a los amigos de nuestra América y del mundo que hoy 25 de noviembre del 2016, a las 10.29 horas de la noche falleció el comandante en jefe de la Revolución cubana Fidel Castro Ruz”.
A los 90 años de edad dejó de latir el corazón del gigante de América, del líder histórico de la Revolución cubana, Pero no ha muerto, porque sólo mueren los que son olvidados. Y Fidel seguirá viviendo en todos los que, al igual que él, se entregan a la lucha por un mundo mejor.

Nosotros, los recabarrenistas del CEILER, junto a millones de revolucionarios del mundo, decimos: ¡Hasta siempre comandante Fidel Castro!

El Segundo Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia

Iván Ljubetic Vargas, historiador del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren, CEILER

En 1903, Lenin organizo y tomó parte en el II Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR), que se efectuó entre el 17 julio al 10 de agosto de 1903, primero con sede en Bruselas (Bélgica) y luego en Londres. Asistieron un total 43 delegados con 51 votos en representación de 26 organizaciones. Los «iskristas» contaban con 33 votos, 24 de los cuales eran «leninistas». Los «antiiskristas» tenían 8 votos y el «centro» tenía 10 votos.
En su desarrollo se produjo la división entre mencheviques (corriente oportunista) y bolcheviques (revolucionarios), estos últimos encabezados por Lenin. Ese año de 1903, se considera como la fecha fundacional del Partido Comunista de Rusia.

En febrero-mayo de 1904, escribió Lenin su obra “Un paso adelante, dos pasos atrás (una crisis en nuestro Partido)” Este libro es uno de los tesoros del marxismo-leninismo. En él se refiere Lenin en detalle a los hechos ocurridos en el II Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR).

Este Congreso aprobó un Programa revolucionario y los Estatutos elaborados por Lenin, con la sola excepción del punto o artículo primero, en que los oportunistas en cuestiones de organización lograron que se aprobara el proyecto formulado por Martov.

El artículo primero de Martov

El punto uno de Martov señalaba: “Se considerará perteneciente al Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia a todo el que, aceptando su Programa, trabaje activamente para llevar a la práctica sus tareas bajo el control y dirección de los órganos(¡sic!) del partido”. (Lenin: “Un paso adelante, dos pasos atrás.(Una crisis en nuestro partido)” Obras Escogidas en tres tomos. Tomo I, página 306).

Comenta Lenin: “La idea del artículo primero de Martov sólo aparece al plantearse la cuestión de si pueden los órganos del partido llevar a la práctica su dirección respecto a aquellos miembros del mismo que no forman parte de ninguna de las organizaciones del partido”. ( Idem. Tomo I, página 306).

Yuli Martov

Lenin sobre el artículo primero de Martov

La proposición del artículo primero de Lenin (que fue aprobado después en el III Congreso del POSDR realizado en 1905) señala: “Se considerará miembro del Partido todo el que acepte su Programa y apoye al Partido tanto con recursos materiales, como con su participación personal en una de las organizaciones del mismo” (Lenin : Idem. Tomo I, página 316).

Refiriéndose siempre al artículo primero de los Estatutos, Lenin escribió en la obra ya citada: “Cuanto más fuertes sean nuestras organizaciones del Partido, integradas por socialdemócratas efectivos, cuanto menos vacilación e inconstancia haya dentro del Partido, tanto más amplia y polifacética, tanto más rica y fructuosa será influencia del Partido en los elementos de las masas obreras que lo rodean y que él dirige. Porque, en verdad, no se puede confundir al Partido como destacamento de vanguardia de la clase obrera con toda la clase” (Lenin: Idem. Obras Escogidas en tres tomos. Tomo I, páginas 318- 319. Los subrayados son de Lenin).

No al secretismo

En el prólogo escribió Lenin: “Todo militante que quiera participar conscientemente en los asuntos de su partido está obligado a estudiar con detenimiento nuestro congreso; y repito que a estudiar, porque la mera lectura del montón de escritos desordenados, como son las actas, no basta para dar un cuadro del congreso. Sólo mediante un estudio minucioso e individual puede conseguirse (y debe conseguirse) que los breves resúmenes de los discursos y las pequeñas escaramuzas por pequeñas (pequeñas al parecer) cuestiones converjan en un todo para que los miembros del partido vean alzarse viva la figura de cada orador destacado y que de clara toda la fisonomía política década grupo de delegados al congreso. El que escribe estas líneas dará por bien empleado su trabajo si consigue al menos impulsar el estudio amplio e individual de las actas del congreso del partido”.(Lenin: Ídem. Obras Escogidas en tres tomos. Tomo I, página 375).

Así concebía Lenin al partido revolucionario, con militantes estudiando los detalles de un congreso. En cambio, en nuestro Partido no tenemos actas de los congresos. Y los militantes que no participan de un evento nacional no tienen la menor idea del comportamiento de los delegados. Otro tanto ocurre con los plenos del Comité Central.

No pierde actualidad

I. Lenin empleó varios meses en la preparación del libro “Un paso adelante, dos pasos atrás (Una crisis en nuestro Partido)”. Estudió detalladamente las actas de las sesiones y las resoluciones del II Congreso de P.O.S.D.R., las intervenciones de cada delegado, los agrupamientos políticos que se habían formado en el Congreso y los documentos de Comité Central y del Consejo del Partido.

El libro provocó una tremenda furia de los mencheviques. Plejanov exigió que el Comité Central proclamase su desacuerdo con la obra de Lenin. Los conciliadores en el seno del C.C. trataron de impedir su publicación y difusión. Un paso adelante, dos pasos atrás, publicado en el extranjero, se propagó ampliamente entre los obreros avanzados de Rusia. Las autoridades zaristas se incautaban del libro durante los registros y las detenciones en Moscú, Petersburgo, Riga, Sarátov, Tula, Otiol, Ufá, Perm, Kostromá, Schigri, Shavlí (de la provincia, de Kovno), etc. La obra fue reeditada por Lenin en la recopilación 12 años en 1907 (en el título figuraba el año 1908).

La lucha ideológica emprendida por Lenin contra las posiciones oportunistas, a comienzos del siglo XX, sigue siendo válida en sus puntos esenciales. En especial en el concepto de militante del Partido revolucionario y el de la célula como órgano fundamental.

“Un paso adelante, dos pasos atrás”, es una obra que debemos estudiar precisamente cuando nuestro Partido se prepara para realizar una Conferencia Nacional en agosto de este año. Esperamos que en ella imperen las posiciones leninistas.

Recordando a Ricardo Fonseca, un combatiente ejemplar

Iván Ljubetic Vargas, historiador del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren, CEILER

“Veníamos los dos de las desamparadas
regiones de la Frontera,
y entre una racha y otra del tiempo tempestuoso
nos encontramos bajo el mismo techo
junto al fuego que el hombre ha levantado
sacándoselo del pecho”
(Pablo Neruda)

Nació en el sur, en la Frontera, en una modesta casa de la calle 18 de Septiembre de Puerto Saavedra, el 17 de enero de 1906.

Sus padres, Santiago Fonseca y Clorinda Aguayo, eran campesinos pobres que trabajaban la tierra en un lugar llamado Pichico (“Poca agua”). Además de Ricardo, tenían otros cuatro hijos: Santiago, Elcira, Lisardo y Abraham.

Ricardo no había cumplido los seis años, cuando falleció su padre. La madre mostrando valor y mucho espíritu de sacrificio, logró que fuera a estudiar a la Escuela Primaria de Puerto Saavedra.

Estudiante responsable

El niño Ricardo debía caminar tres leguas de ida y tres de vuelta para concurrir a clases. Nada lo detuvo en su afán de estudiar. Ni siquiera los largos, fríos y lluviosos inviernos de la región.

Estudió con responsabilidad, llegando a ser el mejor alumno de su curso. Tenía gran amor por la lectura. Fue el lector más asiduo de la biblioteca de Puerto Saavedra.

Tanto el Director de la Escuela, como los profesores, le ayudaron para que pudiera continuar sus estudios en la Escuela Normal de Victoria. Tenía 12 años de edad.

En esa escuela se destacó por ser un estudiante aplicado, por su firme personalidad, su espíritu de fraternidad y de camaradería hacia todos sus compañeros.

Conoce a Recabarren

Finalizó sus estudios en Victoria cuando tenía 17 años de edad. Viajó a Santiago. Allí se encontró, por casualidad, con un mitin obrero en la antigua Plaza Argentina. Le llamó la atención un orador. Era Luis Emilio Recabarren.

Comenzó a trabajar como profesor en la Escuela Nº 3 de Valdivia. Por las noches iba a los locales sindicales donde hacía clases de alfabetización y de cultura general. Allí tomó contacto con dirigentes obreros.

En 1922 se fundó la Asociación General de Profesores de Chile, que se puso a la cabeza de las luchas del Magisterio. Ricardo se incorporó a ella y participó activamente en sus campañas.
En Valdivia escuchó por segunda vez a Recabarren en una charla sobre “Rusia Obrera y Campesina”.

En la lucha clandestina

El 4 de junio de 1925, durante el gobierno de Arturo Alessandri Palma, se perpetró la masacre de La Coruña. Dos años después se inició la dictadura del general Carlos Ibáñez del Campo, que reprimió al PC y a la FOCH. Decenas de dirigentes fueron detenidos y deportados a Isla de Pascua, de Juan Fernández y otros lugares inhóspitos.

Ricardo tomó parte en grupos clandestinos para luchar contra la dictadura, formados por los profesores más consecuentes.

Dirigente del magisterio

En 1928 Ricardo Fonseca trabajó por unos meses en la ciudad de Molina, para trasladarse luego a Santiago, donde ejerció como profesor en la Escuela Nº 63 de Recoleta. Pronto fue elegido dirigente de la Sección Santiago de la Asociación General de Profesores.
Junto a otros maestros, con los cuales venía luchando, fundó el Grupo ITE, adherido a la Internacional de los Trabajadores de la Enseñanza.
La ITE, de la cual rápidamente se constituyeron filiales en Antofagasta, Valparaíso, Talca, Chillán, Concepción y otras ciudades, enarbolaba la bandera de la lucha contra la dictadura, por las reivindicaciones de los maestros y por el desarrollo de la educación.

Ingresa al Partido Comunista

Hacia fines de 1929 ingresó a las filas comunistas. En una carta enviada a compañeros y amigos, en febrero de 1930, explicó las razones del trascendental paso dado: “La tarea del profesor es noble, y enseñar es una de las cosas más grandes que existen. Pero la acción de la escuela es restringida y los frutos que obtiene un maestro en su vida son demasiados pequeños. Es preciso servir a una escuela más grande, cuya acción englobe a miles de alumnos. Esta escuela es el Partido Comunista y este alumnado innumerable es el pueblo”.

(Citada por Luis Corvalán en “Ricardo Fonseca Combatiente Ejemplar”, página 66).

Militó en la Sexta Comuna de la capital.

La Asociación General de Profesores

El 26 de julio de 1931 un poderoso movimiento democrático derribó la dictadura de Ibáñez- Ese día, Ricardo pronunció su primer discurso público en un mitin en la Casa Central de la Universidad de Chile.

El 25 de agosto se constituyó la Asociación General de Profesores, eligiendo una Junta Directiva de la cual formaba parte Fonseca.
Había asumido el gobierno, en calidad de Vicepresidente, el reaccionario Juan Esteban Montero, pero pronto entregó el mando a su ministro del Interior Manuel Trucco, quien también gobernó como Vicepresidente. Durante su breve mandato estalló, el 1 de septiembre de 1931, la sublevación de la marinería de la flota de guerra, aplastada el 5 de ese mes.

En las elecciones de octubre triunfó Juan Esteban Montero, quien asumió la Presidencia de la República el 3 de diciembre de 1931.

Su preocupación por la educación ideológica

El 11 de enero de 1932 los portuarios de San Antonio iniciaron un paro nacional.

En la Sexta Convención Nacional de la Asociación General de Profesores, realizada en Chillán en enero de 1932, chocaron dos corrientes: una revolucionaria y otra reformista, entre las cuales las contradicciones eran insalvables. Entonces, el 20 de ese mes, Fonseca y otros profesores revolucionarios fundaron la Federación de Maestros, una combativa entidad del Magisterio, que luchó por la democracia, el mejoramiento de las condiciones de los profesores y planteó por primera vez una educación con bases científicas.
El 4 de junio un golpe cívico-militar derrocó el gobierno de Montero e instauró la “República Socialista”, que no adoptó ninguna medida socialista, pero fue un gobierno democrático, que llevó adelante algunas reformas destinadas a mejorar las condiciones de vida de los trabajadores. Duró sólo doce días. Fue aplastada por un golpe de Estado reaccionario, que dio paso a la dictadura de Carlos Dávila, que reprimió al pueblo durante cien días. En diciembre de 1932 se inició la segunda administración de Arturo Alessandri Palma.

En el Comité Regional de Santiago del Partido Comunista

El abril de 1933, Ricardo Fonseca fue promovido al Comité Regional Santiago del Partido Comunista. Desde ese organismo se dedicó con mucha fuerza a elevar el nivel ideológico de la militancia. Fue un activo promotor de la educación partidaria.

En una Conferencia contra la Guerra, realizada en la Universidad de Chile, conoció a Elena Pedraza, delegada de los estudiantes de educación física, con quien formó pronto un modelo de hogar comunista y sería su compañera de toda la vida.

Relegado en Aysén

En enero de 1934 el gobierno de Alessandri lo relegó a Aysén. Estando allí recibió un regalo de Elena Pedraza: el Capital de Karl Marx. Dedicó su tiempo como relegado a hacer algunas clases particulares para mantenerse, conversar con los trabajadores del pueblo y, sobre todo, a estudiar la obra de Marx.

A su regreso a la capital, fue elegido Secretario General de la Federación de Maestros. Eran tiempos de dura represión. Se produjo la masacre de Ranquil contra los campesinos, en el Alto Bio-Bío.

Huelga de hambre en la cárcel

La policía irrumpió en un Congreso de la Federación Obrera de Chile, que se efectuaba en Santiago, detuvo a Ricardo y otros delegados. Conducidos a la cárcel, llevaron a cabo una huelga de hambre, que a través de la cual, después de 17 días, conquistaron la libertad.

El 23 de febrero de 1936 se inició una huelga de los obreros ferroviarios que fue violentamente reprimida por el gobierno de Alessandri. Dirigentes políticos y sindicales fueron detenidos. Uno de ellos, Ricardo Fonseca.

Relegado en Maullín

Por entonces, trabajaba como vendedor de bencina en una bomba de Copec. Se dirigía al Hospital San Borja a ver a su compañera Elena, que recién había dado a luz a su hijo Leonardo, cuando fue detenido por la policía y relegado a Maullín, una pequeña aldea, situada a varios kilómetros de Puerto Montt No pudo ver a su esposa ni conocer a su hijo.

El movimiento de solidaridad con los ferroviarios produjo un acercamiento entre los partidos de izquierda. Ello creó las condiciones para que el 26 de marzo de 1936 naciera el Frente Popular. Lo constituyeron los partidos Radical, Socialista, Democrático y Comunista.

La Revista Pedagógica

Estando relegado en Maullín concibió la idea de editar una revista pedagógica que barriera, en el campo de la educación, con el reformismo y el idealismo, y echara las bases de una pedagogía avanzada y de un plan orgánico destinado a terminar con el 42% de analfabetos, a elevar el nivel cultural del pueblo y a preparar a la juventud para la nueva época de transformaciones económicas, sociales y políticas por las cuales venía luchando el Frente Popular.
De regreso a Santiago, junto Rodolfo Guzmán, Crisólogo Gatica y otros destacados maestros comunistas, editó la Revista Pedagógica. En septiembre de 1936 participó en la asamblea pedagógica organizada por la Unión de Profesores de Chile, donde planteó sus ideas sobre una educación orientada a la formación de una conciencia democrática.

Secretario General de la Juventud Comunista

El Partido decidió que Ricardo pasara a las filas de las Juventudes Comunistas, en las cuales fue elegido su secretario general en 1937. Esta designación marcó un hito en la vida de la Jota. Gracias al aporte de Fonseca, experimentó un gran desarrollo, comenzó a utilizar métodos audaces, atractivos; adquirió personalidad, mayor combatividad y dinamismo.

En enero de 1937, a iniciativa de Ricardo, se realizó un Pleno clandestino del Comité Central de las Juventudes Comunistas en las faldas de la Cordillera de los Andes. En esa reunión se trazó el objetivo de constituir un amplio frente juvenil patriótico y antifascista.

La alianza libertadora de la juventud

Esto se logró en septiembre de ese año, al nacer la Alianza Libertadora de la Juventud, constituida por jóvenes comunistas, socialistas, radicales, democráticos, evangélicos, deportistas de clubes de barrio. Una especie de versión juvenil, pero ampliada, del Frente Popular. Sus actividades eran deportivas, culturales, artísticas, de acuerdo a las características propias de los jóvenes.
La Alianza Libertadora de la Juventud se transformó en una de las barreras más firmes para enfrentar el fascismo, en especial al Movimiento Nacional Socialista, dirigido por González von Marees. En uno de los encuentros, entre comunistas y nazistas, fue asesinada en Valparaíso la joven comunista Eliana Miranda.

La política de las JJ CC era de gran amplitud. En el Informe a la Segunda Conferencia Nacional, celebrado en abril de 1938, Ricardo Fonseca señaló: “Nosotros queremos trabajar unidos con los elementos democráticos de la Falange Nacional, enemigos de Ross y del fascismo, en la realización de las tareas que el momento actual plantea a nuestra generación.”

En las elecciones presidenciales del 25 de octubre de 1938 triunfó Pedro Aguirre Cerda, candidato del Frente Popular, que inició su gobierno el 24 de diciembre de ese año.

La Alianza Libertadora de la Juventud jugó un importante rol en la solidaridad con el pueblo español que luchaba contra las fuerzas fascistas de Franco, que habían desencadenado la cruel guerra civil el 18 de julio de 1936.

Durante el Gobierno de Pedro Aguirre Cerda, Ricardo Fonseca volvió al Magisterio por algunos meses, pero renunció para dedicar todos sus esfuerzos al trabajo partidario.

Director de “El Siglo”

En septiembre de 1940 tuvo lugar el Segundo Congreso Nacional de las Juventudes Comunistas. En este torneo Ricardo dejó el frente juvenil. Retornó al Partido y fue incorporado a la Comisión Política del Comité Central. Asumió la dirección de El Siglo, fundado poco antes, el 31 de agosto de 1940. En él formó periodistas obreros, les enseñó a escribir en un lenguaje sencillo, comprensible para las masas. Transformó al diario en una verdadera escuela de cuadros.
Evoca su hijo Leo Fonseca: “·En los años 41-42, él era Director de “El Siglo”, es decir llegaba a casa muy tarde debido al cierre del diario, además era diputado por la Provincia de Tarapacá, lugar muy lejano en esos tiempos aunque se viajara en avión. Entre Santiago e Iquique se demoraba unas 9 horas en unos aviones pequeños anteriores a los DC3. En tren eran tres días y tres noches entre Santiago e Iquique y en barco unos 5 a 6 días desde Valparaíso. Recuerdo que permanecía un mes o más en su distrito en el trabajo político”.

Senador

En las elecciones parlamentarias de marzo de 1941 el PC eligió 3 senadores y 15 diputados.

Uno de estos fue Fonseca, por la provincia de Tarapacá.
Al Gobierno de Pedro Aguirre Cerda le sucedió el de Juan Antonio Ríos. A éste, gravemente enfermo, lo reemplazó -en calidad de Vicepresidente- el radical derechista Alfredo Duhalde. Apenas llegado a La Moneda se lanzó contra los trabajadores del salitre y el 28 de enero de 1946 perpetró la masacre de la Plaza Bulnes, donde carabineros asesinaron a seis obreros, entre ellos la joven comunista Ramona Parra.

En 1946, Ricardo Fonseca fue promovido al secretariado del Comité Central y Encargado de Educación, Prensa y Propaganda. Su primera medida consistió en montar una escuela central de cuadros y varias escuelas regionales. Fue un consecuente heredero de Recabarren.

González Videla: Los primeros ministros

El 12 de enero de 1946, el PC proclamó la candidatura presidencial de Elías Lafertte. En una Convención Nacional de la Izquierda, presidida por Fonseca, se aprobó un Programa de Gobierno y designó como abanderado al radical Gabriel González Videla. Ganó en las elecciones del 4 de septiembre de 1946 e inició su mandato el 3 de noviembre de ese año. En su primer Gabinete hubo tres ministros comunistas. Uno de ellos era Carlos Contreras Labarca, que ocupaba por entonces el cargo de Secretario Genera del Partido. El Comité Central consideró inconveniente que desempeñara simultáneamente ambas responsabilidades. Se decidió reemplazarlo en sus funciones de Secretario General. En ese momento surgió el nombre de Ricardo Fonseca, que se venía destacando por su aporte en la Dirección del Partido. Luis Corvalán escribió:

“A partir de 1945, la figura de Ricardo adquiere relieves de gigante. Da un aporte extraordinario en la lucha por la línea del Partido, por la independencia política del proletariado y de su partido, por la formación de un Partido Comunista de tipo bolchevique”. (Luis Corvalán: “Ricardo Fonseca. Combatiente ejemplar”. Editora Austral, Santiago, 1971, página 160)

Secretario General del Partido Comunista

Asumió el cargo de Secretario General del PC el 31 de octubre de 1946.

Cuando fue promovido a Secretario General del Partido –recuerda su hijo Leo Fonseca- sus tareas fueron más complejas aunque siempre destinó tiempo y atención a su familia y al hogar. Por ello, sin haber sido un padre permanentemente presente como en la mayoría de las familias tampoco puede calificarse como uno ausente.
Mi madre, Elena Pedraza, también era activa trabajadora al ser la sostenedora principal del hogar, además de militante y dirigente sindical. Ricardo ganaba como los diputados y senadores comunistas es decir un sueldo de obrero especializado pagado por el Partido, la “dieta” de todos los parlamentarios las cobraba Finanzas y se destinaba al funcionamiento de la organización.

En casa él debió atender diferentes tareas domésticas como comprarme zapatos y ropa, matricularme en la escuela todos los años, en 1942 se dio tiempo para enseñarme a leer y escribir y las operaciones de suma y resta reactivando sus conocimientos de profesor primario. Por lo tanto ingresé a segundo año, en 1943, estando bien preparado para el curso al cual llegaba.

Gran avance electoral comunista

En las elecciones municipales de abril de 1947, el PC elevó su votación de 32.219 sufragios, obtenidos en 1944, a 91.282, convirtiéndose en el partido más fuerte del país.

En junio, González Videla pidió la renuncia a los ministros comunistas. El 21 de octubre, inició la represión. Detuvo a dirigentes comunistas, los envió al campo de concentración de Pisagua, exoneró a profesores, ferroviarios y funcionarios de las reparticiones públicas por ser militantes comunistas o sospechosos de serlos.

En la lucha clandestina

Ricardo Fonseca supo hacer pasar al Partido a la ilegalidad. Fue una retirada peleando. Solidarizando con los obreros del carbón y protestando por las medidas represivas del gobierno, efectuando combativos en las principales industrias del país. En el parlamento, en la prensa, utilizando cualquier tribuna pública, se denunciaban los planes del traidor.

Se montó un Secretariado ilegal, relacionando y combinando la lucha legal con la ilegal.

Se preocupó de la protección de los compañeros más amenazados por la policía.

Pablo Neruda, uno de los perseguidos por González Videla, escribió: “El secretario general de mi Partido había sido hasta entonces Ricardo Fonseca. Era un hombre muy firme y sonriente, sureño como yo, de los climas fríos de Carahue. Fonseca había cuidado de mi vida ilegal, mis escondites, mis incursiones clandestinas, la edición de mis folletos, pero, sobre todo, había cuidado celosamente el secreto de mis domicilios. El único que verdaderamente sabía, durante un año y medio de mis escondites, dónde iba a comer y dormir cada noche, era mi joven y resplandeciente jefe y secretario general, Ricardo Fonseca”. (Pablo Neruda: “Confieso que he vivido. Memorias. Seis Barral, Barcelona, 1974, página 248).

Contra la Ley Maldita

En 1948 el ejecutivo envió al Parlamento el proyecto de Ley de Defensa de la Democracia, bautizada por el pueblo como “Ley Maldita”. Durante su discusión en la Cámara de Diputados, Ricardo Fonseca pronunció un discurso en donde dijo refiriéndose al Partido Comunista: “Lo fundaron obreros chilenos y siempre han militado en él los mejores hijos de la clase obrera… Hoy se trata de fusilar la idea del marxismo, como prólogo al descuartizamiento de todas las ideas de justicia y progreso social, de libertad y de democracia. Pero se equivocan. El marxismo, en este año, ha cumplido un siglo. Ha conocido todas las persecuciones, todo el rigor de las ilegalidades, de los pelotones de ejecución y, sin embargo, ha emergido de la cárcel, más fuerte, más joven y luminoso que nunca…. es el comunismo una idea que no puede ser destruida, y hay que recordar que Hitler comenzó muy alegremente con las fanfarrias de Munich y el nazismo terminó muy lúgubremente en las horcas de Nuremberg… así pasará… El Partido de Recabarren, que nació de la entraña misma de la auténtica chilenidad, permanecerá invariablemente fiel a sus orígenes, a su pasado de lucha, a la causa de la libertad humana y de los valores de la civilización. Sabe que el pueblo lo acompaña y que nadie podrá legítimamente poner fuera de la ley al pueblo chileno”. (Citado por Luis Corvalán: obra citada, páginas 212-213-214)

Combatiendo a pesar de su precaria salud

En septiembre de 1948 fue aprobada la Ley Maldita. El Partido Comunista fue ilegalizado y perseguido con fiereza. Fueron borrados 40 mil ciudadanos de los Registros Electorales.

A fines de diciembre de 1948, Ricardo Fonseca comenzó a enflaquecer y a tener fuerte dolores intestinales.

Fue sometido a una intervención quirúrgica. Sufría de cáncer terminal.

En el verano de 1949 planteó al Comité Central la necesidad de designara a un nuevo Secretario General. El mismo propuso al obrero Galo González.

El mal avanzaba, pero Ricardo deseaba seguir en la lucha.

“La abstención no es política de los comunistas”

En marzo de 1949 tuvieron lugar elecciones parlamentarias, en que todo estaba dado para un gran fraude. Ricardo planteó aprovechar la coyuntura electoral para denunciar tanto a la dictadura del traidor como la mascarada electoral Frente a este tema tuvo una violenta discusión con Luis Reinoso, entonces Sectario de Organización del Comité Central., quien planteaba la abstención del Partido en las elecciones. Ricardo, y la Dirección del Partido, sostuvo que “la abstención no es política de los comunistas”. Este fue otro de los grandes aportes de Fonseca.

Enfermo como estaba pidió a la Dirección que se le permitiera realizar algún trabajo. Grabó un discurso que fue transmitido por radio. Fue su última actuación pública.

Continuaba estudiando, seguía con atención los acontecimientos. Dirigentes del Partido llegaban hasta su casa y les conversaba y entregaba su experiencia.

Despedidas

A pesar de que sus compañeros le habían ocultado la gravedad de su enfermedad, pocos días antes de su muerte Ricardo se dio cuenta de que se le escapaba la vida. No se desesperó. Decidió realizar sus últimas recomendaciones al Partido. Llamó uno por uno a los cuadros la Dirección, que llegaron a conversar con él.

A su compañera le dijo: “Nena, hemos llegado a la etapa final de mi enfermedad. Los esfuerzos del Partido, tuyos y míos ya son inútiles. Me voy a morir. Tú no vas a quedar sola. Hay una gran familia, el Partido, que te ayudará a ti y a mis hijos, siempre y cuando sean dignos de él, como creo que serán. Has sido una compañera admirable…”

Llamó a su hija Mireya, que vivía en Temuco, para darle sus últimos consejos.

Llamó a su hijo Leo de 13 años de edad, y con su actitud cariñosa y su entereza de siempre, le habló así: “He seguido el camino del comunismo, porque esta doctrina es la causa justa, noble y honrada… Hay que ser fuertes y no temer al enemigo. No vacilar jamás. Tu tienes una gran responsabilidad hacia tu madre y tus hermanas, Margarita y Eugenia…”

“Voy a morir compañeros, pero me voy contento”

Estando muy enfermo, Ricardo Fonseca pidió hablar con la Dirección del Partido. El Secretariado, burlando la vigilancia policial llegó hasta su hogar. Era el viernes 15 de julio de 1949. A Ricardo le costaba ya hablar. Pero mantenía, como siempre el pensamiento lúcido. Habló con calma, con imperturbable serenidad, deteniéndose a veces sólo por la fatiga o por la emoción. Dijo:

“Voy a morir, compañeros. Pero me voy contento, porque el Partido es grande y está unido. Nada ha podido el terror. Y esto es lo principal, porque el Partido es la columna vertebral de la clase obrera y del pueblo y es indispensable su existencia para la liberación de Chile. Me voy contento porque el Partido ha cumplido con su deber. El camino de la traición y la entrega era fácil y cómodo. Pero el Partido prefirió el camino del combate, que era el de mayor sacrificio, antes de volver las espaldas al pueblo, porque es parte de él, es su corazón combatiente, su cabeza directiva. El Partido no negó al pueblo y el pueblo no negó al Partido.

Me voy contento porque el Partido cuenta con una dirección política firme, de raíz proletaria, intransigente en los principios y flexible en su aplicación, forjada en la dura escuela del comunismo. Me voy contento porque entreveo el amanecer de un nuevo día, en que el pueblo reconquistará con sus propias manos su libertad y sus derechos arrebatados…” (Luis Corvalán:”‘Ricardo Fonseca, combatiente ejemplar’” página 222 y siguientes)

Seis días después, el 21 de julio de 1949, dejó de latir el corazón de Ricardo Fonseca Aguayo, un combatiente ejemplar, educador y Secretario General del Partido Comunista de Chile. Tenía 43 años de edad.